El Reino es para los que se hacen como niños.

1Jn 1, 5-2, 2; Sal 123; Mt 2, 13-18.

Cada época tiene sus santos inocentes. Lo bueno es que sigue habiendo ángeles que dan la alerta y muchos son librados del peligro.

Hace tiempo apareció una noticia sobre el hallazgo de cientos de tumbas con restos de niños que se supone fueron sacrificados en la época antigua de un pueblo latinoamericano

¡Qué fácil es someter al débil! Algo así pasó en el relato evangélico, con una ley se dispone de la vida de los pequeños. Los niños padecieron –anticipadamente– por Jesús las consecuencias de la ambición y la avidez de poder. Dios que escucha el clamor de los inocentes, atiende el llanto y le duele su muerte.

Pero Dios también suscita en cada época mensajeros de su amor. San Vicente de Paúl y Santa Luisa de Marillac impulsaron y coordinaron la ayuda a miles de niños abandonados. Hoy, muchas personas se comprometen a garantizar que los niños sanos o enfermos, descubran en gestos concretos que para Dios realmente son valiosos, no son insignificantes, le importan, porque son obra de sus manos. Por eso les presta atención y los recuerda con cariño.

¡Qué valientes los que protegen a los pequeños y ven en ellos el rostro de Jesucristo! ¡Felices ellos!

Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Sor Alicia Margarita Cortés H.C.

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