“Dichosos los ojos que ven lo que ustedes ven”

Is 11, 1-10; Sal 71; Lc 10, 21-24.

Los santos que ya han llegado a la presencia de Dios mantienen con nosotros lazos de amor y comunión (Papa Francisco, GE 4). Por eso, durante el adviento, también hacemos memoria de algunos de ellos para que su testimonio nos anime. San Francisco Javier es Patrono de las Misiones. El Evangelio nos deja comprender mejor qué alegra a Jesús, qué implica ser misionero. Si dejamos al Espíritu del Señor reposar sobre nosotros, la Palabra de Dios palpitará fuertemente en las opciones y decisiones que hagamos; inundará nuestra existencia al punto de conocer, irradiar y anunciar apasionadamente a Jesucristo. Cruzaremos todos los mundos para que el conocimiento del Señor llene la tierra.

Otra señal es experimentar el gozo interno y externo –-como el de Jesús– que brota del impulso misionero y se hace alabanza, gratitud y profecía. El adviento es tiempo para que cada creyente discierna su propio camino y saque a la luz lo mejor de sí, aquello tan personal que Dios ha puesto en él para los demás.

¿Cuál es mi don personal? ¿En qué tengo puesta mi alegría?

Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Sor Alicia Margarita Cortés H.C.

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