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Novena a la Virgen Milagrosa 2019: día 9

por | Nov 26, 2019 | Asociación de la Medalla Milagrosa, Formación, Reflexiones | 0 comentarios

Oración:

Padre Misericordioso, Tú nos has enviado a tu Hijo Jesucristo, y en él has revelado todo tu amor, él se ha hecho historia con nosotros y nos ha predicado tu Reino de justicia, para librarnos del individualismo y del rencor. Concédenos la gracia de imitar siempre su vida, ayudados por la fuerza del Espíritu Santo, para poder ayudarte en la construcción de un mundo más humano.

Te pedimos que, a través de la meditación de tu Palabra y orando con fe esta novena podamos abrir nuestro corazón a la gracia de la conversión y que quienes portamos la Medalla Milagrosa, seamos verdaderos discípulos y testigos de Cristo Resucitado, para superar las contrariedades del mundo y llevar a otros la esperanza y la paz a nuestra sociedad.

Padrenuestro.

Gloria.

Oración a la Virgen María:

Madre de nuestro pueblo. La dulzura de tu mirada nos acompañe en esta novena que dirigimos en tu honor bajo la advocación de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa. Que todos podamos redescubrir la alegría de la ternura de Dios.

Queremos de tus manos prodigiosas, recibir esos rayos de misericordia infinita que tú derramas sobre tus hijos, ser nuevos y verdaderos discípulos capaces de comunicar a otros el mensaje liberador de Nuestro Señor Jesucristo, ayúdanos a encarnar el Reino de Dios, para hacerlo vida en medio de nuestra comunidad y de nuestra familia. Tú has asimilado con amor la Misión del Padre y nosotros queremos salir contigo al encuentro de los pobres y de los que sufren, queremos ser para los demás, rostro de madre que ama, cuida, contempla y en enseña. Amén.

Oh María sin pecado concebida
Rogad por nosotros que recurrimos a vos

Gozos:

Respuesta: puede ser el estribillo de una canción o la jaculatoria (Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que acudimos a ti.)

 Madre Milagrosa, de ternura y compasión
que haciendo historia de salvación
vas caminando siempre con tu pueblo
que a ti clama en la aflicción.

En mil ochocientos treinta,
en Francia, Calle del Bac,
auna pobre novicia,
la virgen santa se apareció.
Eran vísperas de San Vicente,
noche silenciosa de julio,
cuando la Madre dejó su trono
y en una pequeña capilla se presentó.

Siendo la media noche
un Ángel se apareció
para darle un anuncio
de parte de la Madre de Dios.
Las luces se iban prendiendo,
las puertas se iban abriendo
y al llegar a la capilla la hermana ansiosa la esperó.

La voz del cielo anunciaba
que la madre llegó.
La sede sacerdotal
con humildad ella ocupó.
La hermana Catalina
sus manos colocó
en las piernas de la Madre
y misión ella le encomendó.

En una mañana de noviembre
los sentidos no lo percibieron
pero un corazón atento
nuevamente a la Madre observó;
las insignias de la medalla
que Catalina vio, se han convertido
en fuente de milagro y amor.

“Haz acuñar una medalla”,
la Virgen le pidió
para ser portada por los fieles
con gran devoción.
Madre Santa, tu gran Medalla
es emblema de tu amor,
hoy nosotros la portamos
en señal de filiación.

Sea por Jesús, sea por María,
sea por el ejemplo de los santos que nos guían.
Y que por la Medalla Milagrosa
alcancemos la gracia de convertir
nuestros dolores en alegrías.

NOVENO DÍA

La Medalla Milagrosa y las víctimas de la violencia

Signo: una bandera blanca, el mundo, varias fotografías sobre guerra, y en el centro la palabra: PAZ. Al lado la Medalla Milagrosa terminada.

Símbolo: Las doce estrellas que colocaremos alrededor del segundo óvalo.

Lectura del Texto Bíblico: Mateo 10, 16-20

«Mirad que yo os envío como ovejas en medio de lobos. Sed, pues, prudentes como las serpientes, y sencillos como las palomas. Guardaos de los hombres, porque os entregarán a los tribunales y os azotarán en sus sinagogas; y por mi causa seréis llevados ante gobernadores y reyes, para que deis testimonio ante ellos y ante los gentiles.

Mas cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o qué vais a hablar. Lo que tengáis que hablar se os comunicará en aquel momento. Porque no seréis vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre el que hablará en vosotros.

Palabra del Señor

Reflexión:

Cuentan que, en tiempos de guerra, un soldado tomo consigo miles de Medallas Milagrosas y las arrojo desde lo alto a varios vecindarios, tal fue la devoción con que se realizó el hecho, que en aquellos lugares donde la medalla cayó se vio preservada de los bombardeos.

Esta historia tiene un paralelo años atrás, cuando San Vicente de Paúl, para frenar los impactos de la guerra en la región de Lorena, envío misioneros para aliviar el sufrimiento de aquellas personas.

Hoy estamos llamados a ser esas “pequeñas medallas” que son arrojadas a los lugares más devastados por el conflicto para aliviar el sufrimiento de los pobres, somos portadores de la caricia de Dios capaces de reconocer la llegada de Jesús en nuestras vidas.

La guerra saca lo peor del ser humano, crea ambientes de deshumanización y promueven un desprecio por la vida que empuja a batallas fratricidas, donde se pierde todo sentido de amor y conciencia de comunidad. Con María, nuestra madre, somos constructores de lugares, donde la paz sea un oasis, no solo hay guerra en los campos de batalla, hay conflictos en las familias, en los colegios, en las parroquias, en muchos otros lugares, y es responsabilidad nuestra ser agentes de perdón y reconciliación.

Explicación del Signo:

Las doce estrellas que están en el reverso de la Medalla Milagrosa, representan a la Iglesia de Jesucristo, aquellos que a lo largo de los siglos han acogido la llamada del Señor a construir el Reino de Dios, una Iglesia que fue fundada sobre doce columnas, es decir sobre los doce apóstoles que también representan las nuevas tribus de Israel (12 también) el nuevo pueblo de Israel donde se congregan ya no un solo pueblo sino todas las naciones.

Preguntas para reflexionar:

  • ¿De qué manera somos agentes de paz y reconciliación en medio de nuestras comunidades y familias?
  • ¿Qué víctimas de violencia encontramos en nuestro entorno?

Oración a la Virgen Milagrosa:

Virgen Inmaculada de la Medalla Milagrosa, que te manifestaste a Santa Catalina Labouré como mediadora de todas las gracias, atiende a mi plegaria.

En tus manos maternales dejo todos mis intereses espirituales y temporales, y te confío en particular la gracia que me atrevo a implorar de tu bondad, para que la encomiendes a tu divino Hijo y le ruegues concedérmela, si es conforme a su voluntad y ha de ser para bien de mi alma.

Eleva tus manos al Señor y vuélvelas luego hacia mí, Virgen poderosa; envuélveme en los rayos de tu gracia, para que a la luz y al calor de esos rayos me vaya desapegando de las cosas terrenas y pueda marchar con gozo en tu seguimiento, hasta el día en que bondadosa me acojas a las puertas del cielo. Amén.

Descargar la Novena completa pulsando sobre la siguiente imagen:

Fuente: https://www.corazondepaul.org/

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