Cerca de la estación principal de trenes de Turín, conocida ciudad del norte de Italia, concretamente en Via Nizza 24, hay un pequeño Centro Vicenciano «para y con» las personas sin hogar.

El Centro se llama «Casa Santa Luisa» ( también llamada «Caridad«), y se inauguró en la década de 1960; está animado por las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl y los Voluntarios Vicencianos de la Organización de Voluntarios «La caridad de Santa Luisa».

La «Caridad de Santa Luisa» fue reconstituida y renovada en 2017, con motivo del 400 aniversario del carisma vicenciano.

Las Hermanas y los Voluntarios de la «Caridad» intentan vivir con sencillez el espíritu de las primeras fundaciones vicencianas:

  • sirviendo a Cristo en los más pobres, con actividades que promueven a la persona,
  • organizando la acción, enfocándose en las relaciones interpersonales, el calor humano, el compromiso individual, los procesos de renacimiento;
  • involucrando a los pobres en la ayuda a otras personas pobres, favoreciendo actos de caridad mutuos, escuchando las propuestas de estos «maestros«, como San Vicente los consideraba.

En la «Caridad», el carisma vicenciano se comparte con muchos Voluntarios motivados por el Evangelio de Jesús, con algunos que dicen que están «en busca» y con otros creyentes de otras religiones, pero todos unidos para construir concretamente el amor por los necesitados.

Todos, hombres y mujeres, italianos y extranjeros, dan importancia al tiempo que viven juntos, a la atención a cada individuo, al cuidado de la calidad del servicio para los «Amigos», que así se les llama a los que se acercan a llamar al «24», el número de la calle del Centro Vicenciano.

Entre los miembros de la «Caridad» también hay personas que han experimentado la condición de «personas sin hogar» en el pasado y ahora ofrecen su experiencia para servir a los amigos más necesitados, como voluntarios.

Muchos jóvenes voluntarios trabajan en la «Caridad»: scouts, estudiantes universitarios, trabajadores. Se ofrece a los jóvenes momentos de capacitación de servicio, actividades prácticas y reuniones personales con los «Amigos». Muy a menudo, los jóvenes que participan en el servicio también involucran a sus familiares y amigos. ¡La caridad es contagiosa!

Casa Santa Luisa es pequeña pero ofrece muchas posibilidades.

La puerta está abierta desde primera hora de la mañana. Los amigos son recibidos con cordialidad, tratando de llamar a todos por su nombre, incluso entre cientos de personas.

Se comienza aliviando las necesidades básicas: desayuno, ducha, vestuario, corte de cabello, clínica médica ambulatoria… El primer compromiso de las Hermanas y los Voluntarios es hacer que estas personas se sientan «en casa», «en familia».

En este clima de fraternidad, buscamos profundizar nuestro conocimiento, reconstruir historias de vida, ayudar a nuestros Amigos a encontrar el equilibrio y la armonía, a restablecer las relaciones con su familia, con la sociedad, con las Autoridades que pueden garantizar sus derechos y deberes civiles, sociales y sanitarios. La «Caridad» también ofrece una dirección postal, recarga telefónica, un depósito de equipaje para las pocas cosas que todavía poseen.

Estas mujeres y hombres a menudo viven a la deriva, heridos por la vida con cicatrices muy profundas y cortes abiertos. El servicio de escucha de la «Caridad» trata en particular de crear, junto con otras agencias públicas y privadas, una red de apoyo y protección, solidaria y fraterna.

La promoción integral de la persona también se logra cuidando su ciudadanía activa y su enriquecimiento interior. La «Caridad» invita a momentos espirituales y educativos y dispone de una biblioteca bien surtida. A pedido de la «Caridad», las instituciones públicas y privadas ofrecen la participación a los Amigos en conferencias, exposiciones, conciertos, películas en el cine, como hace la gente común. La respuesta siempre es positiva. Los Amigos pueden disfrutar de la belleza de la cultura y el arte no solo en eventos «para los pobres» sino también en la vida cotidiana.

La «Caridad» es pequeña, pero es grande a los ojos de los amigos:

  • «Nos sentimos bien con vosotros… aquí nos sentimos tratados de manera diferente a… Hay una atmósfera que… no puedo explicar, pero me siento bienvenido, aceptado, yo mismo«.
  • «Ya no tengo familia, ya no tengo a nadie… no, no es verdad, ¡vosotros sois mi familia!«

Bendito sea Dios
por el regalo de la «Caridad» y de sus Amigos;
por el don del carisma vicenciano, siempre presente en su sencillez y excelencia;
por el don de su Espíritu, amor creativo hasta el infinito, como nos sigue diciendo San Vicente de Paúl.

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