Formar parte de una Conferencia Vicentina es un regalo magnífico de Dios. En ella podemos practicar nuestra hermosa fe católica, hacer amigos sinceros, conocer personas nuevas, ayudar a quien lo necesita y perfeccionar nuestra vida espiritual. Todo son beneficios para quien participa en ella, pues nos hacemos mejores cristianos cuando luchamos por una sociedad más justa, fraterna y solidaria. También los auxiliados son favorecidos grandemente, al recibir una mano amiga en momentos de sufrimiento y desesperación.

Entonces, ¿cuál es la mística de las Conferencias Vicentinas? Su gran secreto es que, por inspiración divina, las Conferencias son verdaderos lugares donde se practica la fe, la esperanza y la caridad. En otras palabras, las Conferencias son comunidades de fe, esperanza y caridad. Así las definimos porque contemplan a Cristo en el rostro del pobre, realizando un servicio concreto y práctico, en coordinación y amistad entre los miembros.

Además de en las obras asistenciales, la acción vicentina ocurre en el ámbito de las Conferencias, que son pequeñas comunidades formadas por hombres (consocios) y mujeres (consocias), que se reúnen cada semana para crecer en la espiritualidad y el servicio al prójimo. En la Conferencia los vicentinos meditan si realmente están viviendo, con devoción y entrega, el gesto evangélico de ayudar a los hermanos que viven en situación de pobreza (material, moral, psicológica o espiritual).

Las Conferencias son comunidades de fe porque llevan la Palabra de Dios hacia afuera (momento de las visitas a los asistidos) y hacia adentro (reuniones semanales), poniendo en valor la vida sacramental y la participación activa en la Iglesia. Cada vicentino, en las reuniones, perfecciona su vida interior por medio de lecturas espirituales que llenan su espíritu y renuevan su mirada de fe. Además de la reunión, también tienen lugar retiros y encuentros espirituales, promovidos por los Consejos, que ofrecen innumerables oportunidades de desarrollo en la fe. Por lo tanto, está claro que las Conferencias son auténticas comunidades de fe, al servicio de los hermanos.

Cultivando la fe, creemos en y vivimos a la Santísima Trinidad: el Dios Creador (que es el Padre), el Dios Salvador (que es Jesucristo) y el Dios Santificador (que es el Espíritu Santo). Y por la práctica de la fe comprendemos la verdad que viene del Altísimo, alimentando nuestro espíritu y testimoniando la Buena Nueva a todos los que nos rodean.

Las Conferencias son también comunidades de esperanza. Esto es patente durante las visitas domiciliarias, cuando los consocios estimulan a los asistidos a confiar en la Providencia Divina, en el valor del trabajo y en la certeza de que saldrán del momento delicado en que viven en esos momentos, teniendo a Dios a su lado. El papel del vicentino es este: mostrar a los hermanos más necesitados que solo es posible vencer los desafíos de la vida teniendo a Dios al mando, guiando nuestros pasos y mostrando el camino. Esta esperanza es tan firme en el seno vicentino que el lema del Consejo General Internacional es «sirviendo en esperanza». Como se percibe, las Conferencias son evidentes «comunidades de esperanza».

La esperanza es la virtud que nos ayuda a desear y a esperar tiempos mejores para nuestra vida (aquí en la tierra) y a tener la seguridad de que conquistaremos la vida eterna, es decir, nuestra felicidad en el cielo. El vicentino, al hacerse amigo de los pobres, también dirige a ellos ese mensaje de esperanza y confianza en el Señor.

Las Conferencias son, por naturaleza, comunidades de caridad, pues la razón principal de la existencia de la Sociedad de San Vicente de Paúl —y de las demás ramas vicencianas— es la práctica integral de la caridad, basada en los Evangelios y en el amor de Cristo. Así, las Conferencias son el lugar ideal para practicar la caridad y el amor: entre nosotros, los vicentinos, y con los necesitados. Esta doble dimensión de la caridad vicentina (con los pobres y entre los miembros de la Sociedad de San Vicente de Paúl) fortalece el carácter misionero y laico de la entidad, alcanzando cada vez a más personas y llevando el mensaje salvador de Jesús sacramentado a todas partes.

Sobre la caridad, vale la pena recordar que el amor a Dios y el amor al prójimo son lo mismo, de modo que uno depende del otro; por eso, cuanto más amamos al prójimo, en las Conferencias Vicentinas, más amaremos a Dios; y, a su vez, cuanto más amamos a Dios, más amaremos al prójimo. Ahí reside el corazón de la comunidad de caridad de la que formamos parte.

En resumen, las Conferencias son, digámoslo así, verdaderas comunidades de las virtudes teologales, pues ahí se puede practicar la fe, la esperanza y la caridad, elementos que nos conectan directamente con Dios. Por la fe, reconocemos la santidad de Dios; por la caridad, mostramos esa santidad al mundo y conquistamos nuestra santificación; y por la esperanza, esparcimos la alegría del porvenir, que sin duda será al lado de Dios.

Así, es misión de todo consocio dar testimonio de que las Conferencias Vicentinas son, de hecho, comunidades de fe, esperanza y caridad, dentro de una espiritualidad laica que tiene como objetivo servir a los más pobres de los pobres. ¡Hemos recibido una gran bendición al formar parte de una Conferencia Vicentina! Una pregunta para reflexionar: ¿es nuestra Conferencia realmente una comunidad de fe, esperanza y caridad, o se ha reducido a una agrupación de personas de bien que ejercen un activismo social?

Renato Lima de Oliveira
16º Presidente General de la Sociedad de San Vicente de Paúl

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