Tres de las ONG vicencianas presentes en las Naciones Unidas son miembros del Comité de Migración de la Sociedad Civil. Nos involucramos mucho en las discusiones del Pacto Mundial sobre Migración en las Naciones Unidas, que se firmó el pasado mes de diciembre, para adoptar el Pacto Mundial para una migración segura, ordenada y regular.

Este verano me invitaron a participar en varias reuniones para discutir estrategias encaminadas a ayudar a los ahora millones de migrantes venezolanos en América Latina. La última reunión a la que asistí fue en Ecuador. Fui invitado a hablar a CLAMOR, una red de la conferencia de obispos, la conferencia de vida consagrada, Caritas Internationalis, los jesuitas y las Hermanas Misioneras Scalabrinianas.

CLAMOR es una palabra que tiene el mismo significado en inglés y español. Esta palabra expresa muy bien la situación que están pasando millones de migrantes en todo el mundo. Cuando observamos la dramática situación de los migrantes venezolanos, no podemos olvidar a los migrantes de los países africanos que intentan ingresar a Europa, las migraciones de América Central y del Sur hacia la frontera sur de los Estados Unidos o las muchas formas de migración en Asia y Medio Oriente.

Algunos pensadores han llamado a la presente «La era de las migraciones». En su libro, Hacia una teología desde la realidad de las migraciones, Gioacchino Campese nos invita a ver e interpretar este signo de los tiempos y actuar en consecuencia, desde la perspectiva de los muchos carismas en la Iglesia. Con alegría y esperanza, fui testigo de la nueva alianza que se estableció en Ecuador entre las Hijas de la Caridad y las Hermanas Scalabrinianas para trabajar integralmente con los migrantes venezolanos. Las Hijas de la Caridad no solo proporcionarán dos grandes casas (en este momento vacías) con muy buena capacidad, sino que también algunas de las hermanas trabajarán junto con las hermanas Scalabrinianas, totalmente dedicadas desde sus inicios a trabajar con migrantes en muchas carreteras, fronteras y terminales, y centros de atención en muchos lugares del mundo. Para mí está claro que, en los gritos de los migrantes, Dios nos está llamando. Por esta razón, me emocioné mucho cuando supe que las dos provincias de los misioneros paúles de los Estados Unidos decidieron abrir una casa en el Paso, Texas, para trabajar con los migrantes.

Desde la perspectiva de nuestro espíritu y nuestro carisma común, no podemos ignorar o ser indiferentes cuando escuchamos los gritos de los migrantes… reclaman reconocimiento como seres humanos, a una comunidad que rechaza la exclusión, la distinción discriminatoria entre «nosotros, ciudadanos» y «ellos, extranjeros» o, peor aún, «extranjeros ilegales», como se dice en Estados Unidos, o la «comunidad extra», como se dice en Europa. Los migrantes también piden el fin del derramamiento de sangre en las carreteras y fronteras, la mercantilización de la migración, la violación sistemática de sus derechos, las detenciones, la separación de sus hijos, la retención ilegal de sus documentos y el uso hipócrita que hacen algunas compañías que los abandonan cuando son identificados por las autoridades de migración. Monseñor Romero dijo una vez, hablando de los migrantes salvadoreños en Canadá y Estados Unidos: «nosotros también somos seres humanos, por favor no vean en nosotros una amenaza, somos sus hermanos y hermanas ante los ojos de Dios».

Continuaremos nuestra defensa de la migración en las Naciones Unidas, a la vez que invitamos y alentamos a los miembros de la Familia Vicenciana a abrir sus corazones y mentes a lo que puede ser una posibilidad transformadora para nuestra praxis misericordiosa vicenciana natural.

En nuestro enfoque de este mundo de migrantes, debemos tener claro:

  1. La humanidad del migrante, una persona que nunca pierde sus derechos. Este reconocimiento no es negociable. Este es un lugar donde nos plantamos y desde donde no nos movemos cuando hacemos incidencia política, promovemos cambios sistémicos o ayudamos a los migrantes con obras de caridad.
  2. Este es un fenómeno global: ejemplo contundente de las consecuencias de la globalización económica. Las migraciones son una realidad que alcanza tanto a las grandes metrópolis como a las ciudades más remotas de nuestras sociedades en todos los países de la tierra. No hay flujos de capital que no provoquen flujos de seres humanos.
  3. Este es un fenómeno complejo porque sus causas, dinámicas y consecuencias son múltiples y contextuales, e integran todas las dimensiones de la realidad humana: individual, familiar, comunitaria, social, cultural, política, religiosa, económica, nacional e internacional. Es importante rechazar todo tipo de lecturas simplistas, partidistas y unilaterales de la migración. Podemos ayudar a asimilar y manejar este fenómeno de manera humana, ya que hay quienes lo manipulan y lo desvían en nombre de intereses de todo tipo, que no tienen nada que ver con la dignidad humana de los migrantes, que es el lugar donde nos encontramos en este y en todos los problemas.

Nuestro carisma nos envía a estar codo a codo con los más abandonados de nuestra sociedad. Hoy los migrantes se encuentran entre los más abandonados, discriminados y perseguidos en nuestra sociedad global. La indiferencia por nuestra parte nos hará cómplices de lo que les está sucediendo a ellos, nuestros hermanos y hermanas en esta singular familia humana.

Guillermo Campuzano, CM

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