En enero de 2020, Roma acogerá el encuentro de Superiores Generales y Presidentes de la Familia Vicenciana. Continuamos con nuestra serie de entrevistas a los protagonistas, con la siguiente entrevista con Suor Nunzia de Gori, Superiora General de las Hermanas de la Caridad de Santa Juana Antida Thouret.

Video (transcripción en español debajo):

¿Cómo y cuándo tuvo lugar su fundación?

Surgimos en Besançon (Francia), entre finales del siglo XVIII y principios del XIX. La fecha que recordamos como memoria fundacional es el 11 de abril de 1799, cuando Giovanna Antida Thouret inicia —como dice y recuerda— «sola en el signo del carisma vicenciano». Vivió entre las Hijas de la Caridad durante 6 años, en medio de la Revolución. Tuvo que dejar la Compañía a causa de los acontecimientos revolucionarios, regresó a Besançon y, después de una serie de vicisitudes, volvió donde lo había dejado, es decir, al servicio de los pobres, como una buena Hija de Vicente de Paúl. Pues bien, ella comienza sola y comienza esta historia, que yo diría que podemos señalar como el inicio de una historia, en un tiempo que va desde finales del siglo XVIII hasta los primeros diez años del XIX, entre Besançon y Nápoles, porque Giovanna Antida Thouret continúa su carisma y lo desarrolla en Nápoles, donde va llamada por la madre de Napoleón, en nombre de Gioacchino Murat. Pues bien, el servicio espiritual y temporal de los pobres se convierte en el leitmotiv, en la verdadera razón de ser de la fundación, según el espíritu de Vicente. A sus hijas siempre les recordará en todos sus escritos a Vicente como el fundador, el padre, el maestro, el instituidor, el modelo. Vincente permanece en el trasfondo de nuestra fundación.

¿Cómo refleja su Congregación el carisma vicenciano?

Lo refleja fundamentalmente por dos razones: en primer lugar, por el sentido mismo del carisma, que es servir a los pobres porque son el cuerpo sufriente de Cristo. ¿Cómo servir a pobres? En ese «cómo» nosotras vemos mucho de Vincente: con cordialidad, con compasión, con serenidad. Incluso cuando las hermanas llegan a los pobres: con reverencia. Era típico de la experiencia vicenciana reverenciar, inclinarse ante los pobres. Ella lleva esto incluso al nivel de la regla. Sentimos que Vicente realmente permanece en el trasfondo de las Hermanas de la Caridad. No es casualidad que, durante dos siglos, la mayoría de nuestras obras hayan sido bautizadas con el nombre de Vicente, el Señor Vicente, como a ella le gustaba decir.

Esperanzas y expectativas para el carisma vicenciano a medida que nos acercamos a la reunión de los líderes de la Familia Vicenciana, programada para enero de 2020, en Roma.

Por nuestra parte, yo diría que hay una expectativa, que diría que es la expectativa madre, de una colaboración cada vez más intensa en el propio servicio. Nos encontramos con miembros de la Familia Vicenciana en casi todas partes del mundo en donde estamos; siempre nos sentimos en casa con ellos. Soñamos con una intercongregacionalidad cada vez más fuerte, para que el carisma pueda ser vivido en toda su plenitud. Esto, por un lado; la formación, por otro. Nos gustaría que, cada vez más, en la formación de los «gobiernos» de las congregaciones se encontraran cada vez más cerca de tener itinerarios formativos comunes, itinerarios cada vez más vicencianos.

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