Hace unas semanas escribí sobre la falta de hogar y la inmigración. La situación de los pobres en nuestra frontera sur conserva a estas personas en los pensamientos y oraciones de todos nosotros. Nuestro enfoque vicenciano sobre la falta de hogar en este momento mantiene el tema vivo y actual. El tema de la falta de vivienda sigue ocupando mi mente, pero ahora con un énfasis particular en los jóvenes en las calles de nuestras ciudades. El elemento que ha enfocado esa realidad para mí surge del hecho de que el titular de la Cátedra Vicenciana de Justicia Social en la Universidad de St. John’s para el próximo año será Kevin Ryan, quien ocupa el cargo de CEO y Presidente de Covenant House International. Nos consideramos muy afortunados de haber podido asegurar su presencia para el período 2019-2020. Quiero creer, y creo, que él puede hablar a nuestros estudiantes sobre sus compañeros que vagan por las calles de nuestras ciudades sin una residencia estable o medios de apoyo.

El título de las presentaciones de Kevin será el mismo que el de este ensayo, «De la falta de hogar a la esperanza». La idea es cautivadora. Invitar a estos jóvenes a salir de las calles y comenzar a tratar sus diversos problemas se centra en la posibilidad de tener un lugar donde habitar, y comida regular para alimentarse y alguien con quien hablar. Este «hogar» da nacimiento a la esperanza para muchos de estos jóvenes.  La esperanza, a su vez, promueve el éxito y la confianza en sí mismo. Tener un lugar al que llamar hogar proporciona a los jóvenes (o a cualquier persona) una base sobre la que pueden empezar a construir un futuro y una vida saludable. Crecen en esperanza. Covenant House nutre y fortalece esta creencia.

Mientras preparaba diferentes documentos para promover nuestro programa de un año de duración, continuamente confundía el título en mi mecanografía. Escribí «De la desesperanza al hogar» [n. del tr.: el juego de palabras es intraducible, y viene del parecido entre home, casa, y hope, esperanza, y de homelessness, sin hogar, y hopelessness, sin esperanza]. Mientras lo pensaba, me preguntaba si esto, de hecho, podría funcionar igualmente bien como tema.  Recordé la última línea de un cuento que he leído: «Sin esperanza en el futuro, no hay fuerza en el presente». Creo que esto es cierto. Si no tenemos sentido de un futuro por el cual esforzarnos, no nos sentimos inclinados a gastar ninguna energía para lograrlo. Pablo escribe a sus comunidades: «No nos cansemos de hacer el bien, porque a su debido tiempo segaremos nuestra cosecha, si no nos damos por vencidos» (Gal 6,9; cf. 2 Ts 3,13). La esperanza nos da energía y nos llama a la fidelidad porque nos ofrece la posibilidad de que las cosas puedan ser diferentes.

Ofrecer a las personas un lugar al que llamar hogar establece los cimientos de la esperanza. Aunque no son exactamente los niños expósitos de Vicente, las mujeres y hombres jóvenes que encuentran socorro encuentran satisfechas necesidades similares en Covenant House. Nuestra Hija de la Caridad, sor Mary Rose McGeady, HC, dirigió la misión de Covenant House durante 13 años (1990-2003). Allí llevó y encontró una expresión adecuada de nuestro carisma.

Mientras la comunidad de la universidad de St. John se centra en el ministerio de Covenant House durante este año, encontraremos un espacio genuino para enfatizar nuestro enfoque vicenciano sobre la falta de hogar para una población en particular: nuestros jóvenes. (Los datos asociados con este grupo son asombrosos en términos de número, abuso, adicciones y tráfico. El Departamento de Justicia estima que cada año más de 1.700.000 adolescentes experimentan la falta de hogar en los Estados Unidos.) Oramos para que nuestro programa pueda informar y cambiar las mentes y los corazones. La compasión y la acción que buscamos promover debe comenzar dentro de cada uno de nosotros. Sé que Vicente y Luisa aplaudirían este esfuerzo.

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