En enero de 2020, Roma acogerá el encuentro de Superiores Generales y Presidentes de la Familia Vicenciana. Continuamos con la serie de entrevistas con el fin de conocer a los protagonistas, en esta ocasión el hermano René Stockman, Superior General de los Hermanos de la Caridad.

¿Cómo y cuándo tuvo lugar su fundación?

Somos los Hermanos de la Caridad, la primera congregación fundada tras la Revolución francesa, en Bélgica, en 1807. Nuestro fundador fue un sacerdote belga, Peter Joseph Triest, y nuestro primer nombre fue Hermanos Hospitalarios de San Vicente de Paúl, así que se puede decir que desde un primer momento hemos estado alineados con la espiritualidad vicenciana.

Es bueno saber que el padre Peter fundó cuatro congregaciones, la primera de las cuales fue las Hermanas de la Caridad de Jesús y María. Su propósito inicial no era fundar una congregación, sino reunir a algunas jóvenes y llevarlas a París para que entrasen en la Compañía de las Hijas de la Caridad, los pero no fueron aceptadas, porque no hablaban francés. El padre Peter entonces se vio impelido a fundar su propia congregación, las Hermanas de la Caridad, a organizarla, dotarla de una regla, para lo cual reunió la espiritualidad vicenciana y la espiritualidad benedictina. Les entregó la regla de san Benito, con mucha atención a la contemplación, combinada con la caridad de san Vicente de Paúl, y eso se convirtió para él, pudiéramos decir, en un nuevo modelo. Dos años después fundó los Hermanos de la Caridad, llamándolos Hermanos Hospitalarios de San Vicente de Paúl, en línea con los ministerios hospitalarios, pero profundamente influenciados —de nuevo— por la espiritualidad vicenciana, así como por las costumbres y la vida monástica de la espiritualidad benedictina. Así pues, hemos recibido influencia de ambas corrientes espirituales, pero hemos sido Hermanos Hospitalarios de San Vicente de Paúl y, así, nuestro propósito principal, nuestros objetivos fundamentales, nuestra misión principal ha sido la caridad, completamente en línea con san Vicente de Paúl, esto es, el cuidado de los pobres con caridad, viendo el rostro de Jesús en los pobres.

Cuando el fundador murió, se le llamó el «Vicente de Paúl» de Bélgica, por lo que podemos decir que somos realmente una congregación vicenciana totalmente en línea con el carisma y la espiritualidad vicenciana.

¿Cómo refleja su Congregación el carisma vicenciano?

Creo, sobre todo, que se refleja en la atención preferencial a los pobres y en la ayuda ofrecida con amor y de una manera profesional. Esto es, en verdad, el resumen de nuestro carisma. Así pues, el cuidado preferencial de los pobres —y pienso que esto es muy vicenciano—, hecho por caridad, pero una una caridad que se manifiesta en un cuidado ofrecido con profesionalidad. Al mirar a los inicios de las Hijas de la Caridad, san Vicente de Paúl y santa Luisa de Marillac también combinaron estos dos aspectos: la caridad con el cuidado profesional, algo también muy importante para nosotros. Iniciamos nuestro apostolado con los pacientes psiquiátricos, que en aquel momento fueron totalmente abandonados por la sociedad, especialmente en Bélgica. Ahora estamos presentes en treinta países de todo el mundo, donde continuamos buscando especialmente a los que están totalmente abandonados, y los pacientes psiquiátricos siguen totalmente abandonados en tantos países, no son vistos ni como seres humanos; podríamos decir que han perdido su dignidad humana. Nosotros estamos allí para restaurar su dignidad humana, hacerlo siempre con caridad, y la caridad para nosotros se define con cuatro palabras: amor, compasión, con mucha misericordia de una manera profesional. En Vicente de Paúl (he leído mucho sobre él y también he escrito algunos libros sobre él) encontré también estos cuatro aspectos, partiendo siempre de la actitud básica del amor, desarrollando una compasión por la persona que está necesitada, desde el amor afectivo hasta las obras de misericordia del amor efectivo, y haciéndolo de manera profesional. De este modo, puedo decir que el corazón de nuestro carisma que está totalmente en línea con la espiritualidad vicenciana.

Esperanzas y expectativas para el carisma vicenciano a medida que nos acercamos a la reunión de los líderes de la Familia Vicenciana, programada para enero de 2020, en Roma.

En efecto, estamos muy contentos con este encuentro, que tendrá lugar en enero de 2020. Estaré feliz de participar. Puedo decir que, en estos últimos años, he tenido muchos contactos con otras ramas de la Familia Vicenciana, y considero realmente un enriquecimiento el conocerse los unos a los otros, ver también cómo están desarrollando los demás la espiritualidad vicenciana en el mundo hoy, en este tiempo. Vemos, por supuesto, que es, al mismo tiempo, nueva y totalmente arraigada en esa misma visión, esa misma espiritualidad. Por lo tanto, el encuentro genera grandes expectativas, principalmente en lo que se refiere a este intercambio de ideas, de experiencias, a conocer cómo en otros países, en otras ramas se está desarrollando continuamente el carisma de san Vicente de Paúl. Eso es, para mí, lo más importante.

Un ejemplo de esto lo tenemos en el Cambio Sistémico, que he visto desarrollarse en la Congregación de la Misión, que es también una verdadera inspiración para nosotros. Conozco muy bien, por ejemplo, al P. Maloney, anterior Superior General de ellos (yo soy Superior desde el año 2000, por lo que cuando llegué a Roma el P. Maloney era aún Superior General), con quien mantengo una muy buena relación. Lo he invitado varias veces a hablar sobre el Cambio Sistémico a los Hermanos, inclñuso en una ocasión me llegó a pedir: «¿Puedes trasladarlo a vuestra Congregación?». Y hemos visto que cuando ponemos las dos congregaciones juntas, una al lado de la otra, estamos caminando verdaderamente en una misma dirección. Nos sentimos muy inspirados por esa nueva visión, puedo decir la idea del Cambio Sistémico es una traducción muy actual de la espiritualidad vicenciana. Incluso durante nuestro último Capítulo General, el año pasado, invitamos al P. Tomaž Mavrič, C.M., actual Superior General de la Congregación de la Misión, a dar una conferencia. Nuevamente mencionamos con total claridad que es muy importante para nosotros que en todas las actividades, en nuestras escuelas, en nuestras instituciones para discapacitados, en todos los hospitales psiquiátricos del mundo, veamos y busquemos atentamente este aspecto del Cambio Sistémico, y también que en ellas trabajan o a las que servimos se involucren como seres humanos plenos, con plena responsabilidad en el cuidado, en el servicio.

Estos son dos elementos muy importantes para nosotros que hemos recibido durante estos encuentros, especialmente con la Congregación de la Misión; por lo tanto, cuando participemos del encuentro con otras Congregaciones, con otros grupos de la Familia Vicenciana, estoy seguro de que recibiremos nuevas ideas y nuevos elementos que pueden ser muy fructíferos para nuestro propio apostolado.

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