«Si tu hermano peca, ve y corrígelo en privado»

Deut 34, 1-12; Sal 65; Mt 18, 15-20.

Animarse a corregir a otra persona, nuestro hermano en palabras del evangelio, nos coloca en un escenario incómodo. Puede ser que nuestra corrección no sea bien recibida, o tal vez, que no sepamos corregir con delicadeza, con caridad, o que no nos ofrezcamos para ayudar al hermano a levantarse.

Siendo así las cosas evitamos corregir, al mismo tiempo que colocamos una barrera para que alguien lo haga con nosotros.

Pero se trata de un acto de amor y de compasión, antes que de evidenciar la fragilidad del otro. Implica preocuparse y ocuparse por el otro antes que sus errores tengan consecuencias dolorosas o irreparables. Además, tal compasión alcanza no sólo a la primera persona sino a otras más.

Caben muchos ejemplos, pero estos son algunos: Tener la caridad de recomendar a los que tiran basura en la calle de que no lo hagan, contaminando el suelo que compartimos. O hablar con aquel que desperdicia el agua, aunque page por el servicio. O amonestar a aquella persona que maltratan a los animales. Pedir al hermano que sea menos agresivo, más honesto y responsable, más solidario y compasivo…

Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Emmanuel Velázquez Mireles, C.M.

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