«¿Quién es el más importante en el reino de los cielos?»

Deut 31, 1-8; Sal 32; Mt 18, 1-5. 10. 12-14.

La respuesta a tal pregunta es sencilla de decir, pero, francamente, a muchos nos cuesta la mitad de la vida asimilarlo.

Desde que somos pequeños vamos descubriendo que las personas importantes, antes que ponerse a servir son quienes dan órdenes. Tampoco falta quien entiende ese modo de dirigir y mandar como un servicio.

A menudo los trabajos más desgastantes e incluso arriesgados, son los peor pagados. O sea que ser importante es sinónimo de grandeza y de beneficios.

Así también lo pensaron los discípulos: ¿quién es el más importante…? y esperaban que por diferentes méritos se obtuviera la respuesta.

Jesús deja en claro que importancia en el reino de los cielos es sinónimo de servicio, de hacerse el pequeño y el último.

Es el trabajo, el esfuerzo cotidiano que inyectamos a la vida en bien de nuestra familia y de nuestra comunidad, lo que nos vuelve grandes ante Dios. Lo peculiar de este este trabajo o servicio es que no se puede pagar para que alguien lo haga por uno. Nadie más que yo lo puede hacer.

Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Emmanuel Velázquez Mireles, C.M.

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