«Al Hijo del hombre lo entregarán en manos de los hombres, lo matarán, pero resucitará al tercer día»

Deut 10, 12-22; Sal 147; Mt 17, 22-27

Jesús fue descubriendo que su predicación y llamada a la conversión causaba posturas encontradas. En algunos significaba buena noticia, era el profeta que confirmaba que Dios seguía estando en medio de su pueblo. En otros, los más pudientes, causaba escándalo. De algún modo veían amenazado el sistema social, político y económico que a ellos les sostenía.

¿Qué elemento había en Jesús que desataba las más altas tensiones? ¿Por qué no se conformó con pisar el ámbito puramente espiritual? ¿Será que lo más espiritual lleva siempre a lo más humano y por ello a la vida y toda su trama?

En su palabra y en sus acciones echa raíces la justicia al modo hebreo, que apunta hacia la compasión, tomar posición por los más débiles y desamparados.

Ha sido esta postura la que desató el malestar y odio de los jefes de los judíos y sumos sacerdotes que lo llevará a vivir el drama de la cruz.

¿Tendremos nosotros alguna causa así de generosa por la que estemos dispuestos a entregar la vida?

Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Emmanuel Velázquez Mireles, C.M.

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