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Descubriendo la verdadera sencillez de la santidad con santa María Magdalena y la santa Isabel Ana Seton

por | Jul 28, 2019 | Formación | 0 comentarios

En la vida de estas dos santas, una tan moderno y otra tan antiguo, la Iglesia nos recuerda lo que significa ser santo: permanecer cerca de Cristo.

De niña leí muchas historias de santos, tantas como pude llevar a mis manos. Estaba tratando de averiguar lo que Dios quería de mí. Los santos, lo sabía, eran ejemplos de lo que es dar tu vida totalmente a Él. Ellos iban a ser mi hoja de ruta. Si escogía uno y lo imitaba, pensé que terminaría en el mismo lugar. Parecía bastante sencillo para mi mente a los 10 años.

Fue más difícil de lo que pensaba. Por un lado, ¡hay tantos santos! ¿Debo encerrarme en mi habitación durante años, como santa Catalina de Siena? ¿Debo renunciar a todas mis posesiones mundanas, como san Francisco? ¿Debo decir rosarios constantes, como los niños de Fátima? ¿Se suponía que debía salir a evangelizar, como los misioneros jesuitas?

Llena de celo y totalmente carente de dirección, intenté hacerlo todo. Le di mis juguetes a mis hermanos. Intenté rezar rosarios a diario. Traté de hablar con mi mejor amiga protestante sobre Nuestra Señora. Pero, por supuesto, no quería que mis hermanos se llevaran a mis animales de peluche. El rosario fue más cosotoso de lo que pensaba. Mi mejor amiga se ofendió. Y en medio de todo eso, me sentí un poco traicionada. Estaba tratando de hacer la voluntad de Dios; ¿Por qué no funcionó? ¿No quería Dios que imitase a los santos?

Es fácil distraerse con los detalles de la vida de los santos, especialmente cuando somos bendecidos con tanta información sobre ellos. Santa Isabel Ana Seton es una santa que nos dejó muchos detalles en sus escritos, y tenemos reliquias para venerar y atesorar. Sabemos qué tipo de personalidad tenía, dónde vivía, cómo oraba, y tenemos una buena idea de qué aspecto tenía.

Pero es sorprendente lo poco que sabemos sobre otros santos, mujeres y hombres que la Iglesia sostiene igualmente como modelos de santidad, como santa María Magdalena, cuya fiesta celebramos este mes. Tenemos pocos detalles concretos sobre su vida. La vemos identificada por su nombre en los cuatro evangelios, y se nos dice que Cristo expulsó a siete demonios de ella. Ella y algunas otras mujeres surtían de lo necesario a Jesús y sus discípulos. Ella estuvo al pie de la cruz y en la tumba, y fue la primera en escuchar la voz del Señor resucitado.

Pero eso es todo; eso es todo lo que sabemos.

No sabemos nada sobre la personalidad de santa María Magdalena, su vida antes de conocer a Cristo o lo que hizo después de la resurrección. ¿Cómo podemos imitar a un santo del que sabemos tan poco? Y sin embargo, a pesar de lo oculto de su vida, aún sabemos lo suficiente: sabemos que ella siempre estuvo allí. A dondequiera que Cristo iba, ella iba también.

En la vida de estas dos santas, una tan moderno y otra tan antiguo, la Iglesia nos recuerda lo que significa ser un santo. Es una respuesta más simple de lo que creía posible: Dios solo quiere que estemos con Él. En cuanto a los detalles, Él está a cargo de aquellos.

La madre Seton entendió esto. Los detalles de su vida, desde el exterior, eran todo menos estables y pacíficos. El fracaso del negocio de su marido y el escándalo de su conversión la despojaron del estatus social con el que había crecido. Se quedó viuda, con cinco hijos a los que mantener. Dos de sus hijas murieron cuando eran adolescentes. La escuela y la comunidad que ella fundó, aunque finalmente prosperaron, exigieron una gran persistencia y paciencia durante su establecimiento.

Al final, a pesar de los tiempos de dolor espiritual y de oscuridad, santa Isabel Ana mantuvo su paz. Ella entendió que los detalles son solo detalles. Nuestro trabajo es simple: permanecer cerca de Cristo. Ella escribió: «[Jesús] es como un fuego en el mismo centro de nuestras almas, que siempre arde, pero tenemos frío, porque no permanecemos cerca de él…»

A pesar de la tragedia, la incertidumbre, el miedo y la confusión, la Madre Seton se quedó con Jesús y obtuvo ese calor. María Magdalena hizo lo mismo, incluso cuando permanecer cerca de Cristo significaba caminar con él por la colina del Calvario.

Ese es el ejemplo que cada santo nos da. Esa es la hoja de ruta. Quédate con Cristo. No sabemos qué nos va a pedir en el próximo momento. No tenemos garantías de que nuestros seres queridos no nos abandonarán, de que nuestras vidas no cambiarán, de que todo en lo que dependemos no desaparecerá. No tenemos esas garantías. Tenemos a Cristo.

Santa Isabel Ana escribió: «La única y completa inclinación de mi alma es complacer solo a Él, y acercarme a Él en esta vida y en la próxima».

Y ella oró: “Únete a ti, oh adorable víctima… transfórmame en ti mismo. Vive en mi. Déjame vivir en ti».

Sea lo que sea que Dios nos pida en nuestras propias vidas únicas, que todos hagamos que la oración de Seton sea también la nuestra.

Fuente: Sitio web de Seton Shrine

A ANNA O’NEIL le gustan las vacas, la confesión y el color amarillo, no necesariamente en ese orden. Vive en Rhode Island con su esposo, su hijo y su hija, e intenta recordar que «cualquier cosa que valga la pena hacer merece la pena hacerla con intensidad».

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