Solo Jesús es necesario.  Los hombres y las mujeres que le escuchan y siguen hacen la mejor elección y ésta no les será quitada.

Anuncia Jesús que es necesario que padezca mucho en Jerusalén.  Y llegado el debido tiempo, toma él la decisión de ir allí.  Pero mientras va de camino con sus discípulos, entra en una aldea donde lo recibe Marta en su casa.

Está en casa con Marta su hermana María.  Solo tres están presentes.  Pues nada se menciona de algún otro.  Es la hora de las mujeres, como lo era también cuando visitó María a Isabel (J.A. Pagola).  Jesús da a Marta y a María el protagonismo que la sociedad apenas les da a las mujeres.

Sin duda, se nos enseña en parte que es necesario que superemos el sexismo.  Así como tenemos que sobreponernos al racismo, lo que enseña también la parábola del Buen Samaritano.  Esto lo debemos hacer aunque o precisamente porque el sexismo y el racismo se han infiltrado en las altas esferas.

Es necesario que haya tanto amigas y seguidoras de Jesús como amigos y seguidores.

Son amigos seguramente Jesús y Marta.  Lo que explica por qué puede regañar suavemente Marta a Jesús.  Y por qué Jesús puede corregir también a Marta, repitiendo con cariño el nombre de ella.  Es tan digna de su amistad como cualquier discípulo.

Y no contrapone Jesús el escuchar de María al hacer de Marta.  Después de todo, hay que escuchar la palabra y llevarla a la práctica (Stg 1, 22).  Quiere Jesús que se guarde Marta de todo «celo indiscreto» que lleve a lo que se llama «un caso quemado» (Robert P. Maloney, C.M.).

María, en cambio, tomando la postura del discípulo, se sienta a los pies del maestro, escuchando.  Ella es modelo, entonces, del discípulo; escucha ella la Palabra.  Y esto no le será quitado.  Cierto, los poderosos les quitaron a las mujeres ministerios que antes ejercitaban.  Pero la Providencia se dirige a ellas una y otra vez para que asistan a los más necesitados (SV.ES X:953).

Jesús llama, sí, a los hombres como a las mujeres para que le escuchen como amigos y seguidores.

Y tanto los hombres como las mujeres han de entender que solo Jesús es necesario.

En términos sencillos vicencianos, Jesucristo es nuestro padre, nuestra madre y nuestro todo (SV.ES V:511).  Él mismo es nuestra fuerza y nuestra vida y el que nos dirige y guía (SV.EN VIII:19; SV.ES XI:468).  Es también la regla de la misión, y nos toca estar atentos a sus palabras (SV.EN XI:429).  ¿Habrá, pues, un amigo mejor que él a quien debemos recibir como a huésped y a quien hemos de escuchar como a maestro?  Y no lo puede reemplazar ningúna reflexión, comentario, devoción o publicación en las redes sociales.

Señor Jesús, nos alimentamos de tu palabra y de tu sacramento.  Haz que seamos más conscientes de que solo tú eres necesario.

21 Julio 2019
16º Domingo de T.O. (C)
Gén 18, 1-10a; Col 1, 24-28; Lc 10, 38-42


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