“Vayan en busca de las ovejas perdidas de la Casa de Israel”

Gn 41, 55-57; 42, 5-7. 17-24; Sal 32; Mt 10, 1-7.

Jesús llama a los doce discípulos que conocemos como Apóstoles (enviados). Les da poder para expulsar espíritus inmundos y curar dolencias y enfermedades, y los instruye. Vayan con las ovejas perdidas de la casa de Israel –les dice-, proclamen por el camino que ya se acerca el Reino de los Cielos.

A nosotros, en el tiempo y circunstancias en las que nos toca vivir, también Jesús nos envía. Por nuestro bautismo somos incorporados a la familia de Dios y formamos la Iglesia. Somos también enviados a anunciar el Reino de Dios. ¿Nos hemos dado ya por enterados de este llamado? ¿Cómo es que hacemos este anuncio? Principalmente lo hacemos con nuestro ejemplo, ya seamos padres, madres, amigos, vecinos, compañeros de trabajo o estemos en cualquier situación en la que interaccionemos con las personas que nos rodean. El Reino de Dios es amor, paz, justicia, verdad, gozo. Y compartir el Reino significa extender estos valores. ¿Vivimos el amor? ¿Somos pacíficos? ¿Practicamos la justicia? ¿Somos veraces? ¿Gozamos los dones de Dios y los aprovechamos?

Seamos misioneros del Reino.

Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Corina Garza

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