Jesús se entregó por nosotros.  Partiendo el pan y bendiciendo el cáliz, mantenemos viva la memoria de su amor hasta el extremo.

La memoria de Jesús confortaba seguramente a san Vicente de Paúl.  Por eso, podía confortar a los demás.  Confortó, por ejemplo, a un Hermano moribundo (SV.ES XI:63-67).

Primero, dice san Vicente al Hermano que el primer Misionero quiere llevarle a la misión del cielo.  Luego, le refresca la memoria sobre lo dicho por Jesús:  «Donde esté yo, allí también estará mi servidor».  Dice además que es un consuelo ser elegido para ir de misión, a esa misión «en donde todos los ejercicios consisten en amar a Dios».

Y dice san Vicente que esto es cuestión de gracia.  Pues la sola memoria de innumerables pecados, desidias e infidelidades da a conocer que ningún misionero es digno de ello.  Así que no es necesario mencionar que el trabajo de las misiones aquí abajo no se pueden comparar con la recompensa allí arriba.

Todo se debe, entonces, a la misericordia y bondad de Jesús que es infinitamente mayor que las indignidades y malicias humanas.  Y la memoria de tal misericordia y bondad no solo lleva al arrepentimiento.  Es motivo también para que uno confíe más en Jesús.  Pues él es indulgente, sí, y está listo para decirle al moribundo que ha permanecido con él:  «Hoy estarás conmigo en el paraíso».  Su perdón y su amor sirven de aliciente para que uno arda aún más de amor.  Por eso, con cierto lamento dirá cada misionero moribundo:  «Oh Hermosura tan antigua … tarde te amé».

Mantener viva la memoria del amor increíble de Jesús

A los ojos de san Vicente y de muchos otros, es increíble el amor de Jesús.  En primer lugar, rompiendo «todas las leyes de la naturaleza», demostró la anchura, largura, altura y profundidad de su amor.  Pues aunque divino, se hizo semejante a nosotros, revistiéndose de nuestra humanidad.  Asi fue porque deseaba enormemente conquistar nuestras almas y nuestros corazones, nuestro amor.

El amor de Jesús es difícil de creer además por ser infinitamente inventivo.  Y según san Vicente, de ese carácter inventivo brotó la Eucaristía.  La ausencia de Jesús, pues, no debe ocasionar ningún «olvido o enfriamiento en nuestros corazones» ya que en la Eucaristía, una celebración en memoria suya, «él se encuentra real y substancialmente como está en el cielo».  Y como esto les resulta escandaloso a muchos de nosostros, se nos advierte entonces:  «Si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.».

Señor Jesús, haz que los que sacamos pan y vino en memoria tuya te recordemos como la encarnación de la Buena Noticia para los pobres, la Buena Nueva del reino de Dios.  Concédenos la capacidad de darles de comer a los hambrientos y de confortar a los afligidos.

23 Junio 2019
Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo (C)
Gén 14, 18-20; 1 Cor 11, 23-26; Lc 9, 11b-17


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