2 Cor. 11,1-11; Sal 110; Mt 6,7-15.

“Ustedes oren así”

La oración es siempre una de las bases del cristiano, aunque también es una actividad que realizan muchas otras culturas y religiones, incluso algunas personas que no profesan ninguna religión.

Cuando oramos no es con la finalidad de reclamarle a Dios, o de quejarnos con Él, quien sabe mejor que nadie cómo nos sentimos y lo que estamos viviendo. Tampoco hacemos oración para decirle a Dios cómo tiene que ser con nosotros, porque no hay amor más grande que el suyo, y el salmo lo menciona: “esplendor y belleza son su obra, su generosidad dura por siempre”.

Entonces, ¿qué finalidad tiene orar? Muchos nos dirán que orar es hablar con Dios, pero lo esencial de la oración es dejar que Dios nos hable. Oramos para dejarnos interpelar por Dios y su proyecto de vida, para pedirle que abra nuestra mente y nuestro corazón. Para dejarlo actuar en nuestra vida, para saber hacer su voluntad en el mundo, así como lo hizo Jesús cuando oraba.

Esa es la enseñanza que nos deja en el Padrenuestro. Un proyecto de vida nuevo, de solidaridad y de perdón para los demás.

Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Seminaristas del Seminario Mayor Vicentino de Tlalpan, Cd. de México

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