En esta crónica no voy a discurrir sobre el trabajo de los consocios con los más necesitados, ni abordar la grave situación social en que se encuentra el mundo, tampoco sobre consejos que eventualmente se pueden sugerir a los dirigentes vicentinos. Hablaré sobre las relaciones internas en nuestras Conferencias, inspirado en la Carta-Circular del Presidente Internacional de la Sociedad de San Vicente de Paúl que, en 2006, ya había abordado esta temática.

He observado en algunas unidades vicentinas una cierta «falta de paciencia» en relación con los consocios ancianos. Es necesario respetar a los mayores y permitir que participen efectivamente en la reunión, compartiendo sus experiencias con todos. Los más ancianos nos tienen mucho que enseñar con sus historias y reflexiones.

También he percibido que pecamos de falta de caridad entre nosotros y entre las varias Conferencias que actúan en un mismo lugar. Cuando dos o más Conferencias funcionan en la misma parroquia, es necesario que los presidentes estén en perfecta armonía, a fin de que la asistencia vicentina a los más necesitados sea lo más eficaz posible. Además, cualquier divergencia entre nosotros puede provocar una impresión equivocada a los aspirantes, bienhechores y parroquianos en general. «Mirad cómo se aman»[1] debe ser el mandamiento que nos guíe.

Se pueden producir, de hecho, algunos problemas cuando dos o más Conferencias utilizan las mismas dependencias (por ejemplo, una sala común para las reuniones semanales) o se reparten la gestión de las obras especiales o proyectos conjuntos. Sin embargo, a pesar de ser «comprensibles y naturales» tales conflictos, deben evitarse y, en caso de no fuese posible, dirimirlos bajo el seno de la caridad.

Hemos que practicar, en muy alto nivel, las virtudes de la paciencia, de la sensatez y del desapego al propio parecer, todo en nombre de un clima más cristiano y más propicio para que el ambiente en nuestras Conferencias sea colaborativo y enfocado en los pobres a los que asistimos. No podemos dejar que esos «pequeñas asuntos» obstaculicen la sintonía que nos une y nos santifica.

Nunca podremos hablar de «perdón» o «reconciliación» en las visitas domiciliarias si no practicamos esas virtudes en el seno de las Conferencias y de los Consejos. No tendremos la condición moral de pedir a nuestros asistidos «equilibrio» y «buen sentido» si no ejercemos esos principios entre nosotros. Tenemos, por lo tanto, que ser coherentes con nuestra filosofía, nuestra tradición y nuestra práctica vicentina.

Así pues, Dios espera de nosotros una triple dimensión de la acción caritativa: la primera con los pobres (la llamada dimensión horizontal); la segunda con nosotros mismos (dimensión circular o reflexiva); y la tercera con Dios mismo (dimensión vertical). Meditemos esto con atención y mostremos al mundo que, aún cuando tengamos problemas internos (pues en definitiva somos seres humanos), somos un movimiento pastoral serio y comprometido con la causa del Reino, dirigido únicamente a la reducción de las desigualdades sociales. ¡Que así sea!

[1] Tertuliano, en su Apología contra los gentiles, nos ofrece un testimonio de primera mano sobre la vida de los cristianos primitivos. Allí leemos que «los paganos, admirados de la fraternidad que se entablaba entre los seguidores de Jesús, murmuraban envidiosos: “Mirad cómo se aman”». Cf. Hch 4,32-37.

Renato Lima de Oliveira
16º Presidente General de la Sociedad de San Vicente de Paúl

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