Hech 28, 16-20. 30-31; Sal 10; Jn 21, 20-25.

“El discípulo amado de Jesús”

El evangelio de hoy empieza con una pregunta de Pedro sobre el destino del discípulo amado:“Señor, y éste, ¿qué?” Jesús acababa de conversar con Pedro, anunciando el destino o tipo de muerte con que Pedro iba a glorificar a Dios. Y al final añade: Sígueme…

En aquel momento, Pedro se detuvo y vio al discípulo a quien Jesús amaba y lanza una pregunta: Señor, y a éste ¿qué le va a ocurrir? Pedro quiere saber de Jesús cuál es el destino de este otro discípulo. Esta curiosidad provoca una respuesta misteriosa de parte de Jesús: “Si quiero que éste se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué? Tú sígueme.” Frase misteriosa que termina de nuevo con la misma afirmación que antes:

¡Sígueme! Parece como si Jesús quiera borrar la curiosidad de Pedro.

Ya que el seguimiento es desinteresado, tiene que ir unido con el amor. Una vez seguro del amor de Pedro, Jesús le pide el seguimiento. El amor por Jesús lo hará capaz de todo. Porque el amor lo puede todo y lo alcanza todo.

Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Seminaristas del Seminario Mayor Vicentino de Tlalpan, Cd. de México

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