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¿Por qué están los vicencianos en la ONU?

por | Jun 7, 2019 | Formación, Presencia en la ONU | 0 comentarios

Como parte de la Familia Vicenciana en la ONU, recientemente fuimos invitados a reflexionar sobre «¿Por qué los miembros de la Familia Vicenciana están presentes y participan activamente en las Naciones Unidas?» Cada miembro de la Familia es una organización no gubernamental (ONG) acreditada por el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas (ECOSOC). ¿Cómo promueve esta actividad el reino de Dios? Los siguientes son siete pensamientos, mi reflexión personal, sobre cómo nuestro trabajo está haciendo el bien y evitando el mal.

  1. Porque todos los que se consideran seguidores de San Vicente se ven impelidos a aliviar la pobreza y promover los derechos humanos básicos, usando todos los medios a su alcance.
  2. Porque san Vicente nos enseñó que la caridad abraza la justicia. Él creía firmemente que las personas que viven en la pobreza no deberían recibir en caridad lo que se les debía en justicia. Vicente vio a Cristo en las personas pobres o enfermas e insistió en que la atención debe ser digna, empoderadora y organizada. Le preocupaba la organización de la sociedad de su tiempo. Vicente encontró a Dios sirviendo a los pobres y en el nexo de la caridad y la justicia.
  3. Porque los programas y proyectos vicencianos en todo el mundo son ejemplos de las mejores prácticas que colocan a la persona humana en el centro, facilitan su participación en las soluciones y promueven un cambio sistémico. Las Naciones Unidas dan la bienvenida a organizaciones como las nuestras para compartir nuestro conocimiento de la pobreza y los medios efectivos para promover una sociedad más justa. Nos dan un “asiento en la mesa” debido a nuestro amor efectivo y afectivo hacia las personas que sufren la pobreza. Estamos comprometidos a compartir esta mesa con las personas que sufren la pobreza, lo que les permite contar su historia a los líderes de los gobiernos y ser colaboradores para cambiar los sistemas que crean la pobreza y los atrapan en ella.
  4. Porque las Naciones Unidas son un organismo de formulación de políticas globales, cuyos miembros son la mayoría de los países del mundo, donde el diálogo —no la violencia— es el medio para el fin. La Carta de las Naciones Unidas y la Declaración de los Derechos Humanos tienen fuertes raíces y están en consonancia con las religiones abrahámicas, además de otras religiones. Mientras caminamos a través de la sede de la ONU en Nueva York, se nos recuerda esto por el fascinante mosaico de Norman Rockwell titulado «La regla de oro».
  5. Porque nuestra presencia y actividades desafían ideas y programas que no respetan la dignidad de la persona humana, promueven el bien común y protegen nuestro entorno terrestre. Si bien muchas personas notan la falta de capacidad de las Naciones Unidas para mantener la paz en nuestro mundo y su falta de efectividad para prevenir situaciones terribles, como la trata de personas, también podemos señalar grandes avances en la protección del medio ambiente y la visibilización de los derechos de las mujeres. personas con discapacidades y personas indígenas, y la creación de un diálogo en torno a los signos y problemas de nuestros tiempos, que exigen a los Estados miembros que actúen. Estamos en la mesa con muchos otros que abogan firmemente por la dignidad y la santidad de la vida y la erradicación de la pobreza. Estos principios están integrados en todo lo que hacemos.
  6. Porque nuestra presencia en la ONU atrae a otros que comparten nuestros valores y pueden colaborar para lograr un cambio positivo en nuestro mundo. La Familia Vicenciana en la ONU ha compartido en esta página muchas veces nuestro esfuerzo para llamar la atención sobre el problema de las personas sin hogar, en la calle, en el contexto de la Agenda 2030. Este es un ejemplo de cómo la organización en torno a un problema y el trabajo con otros puede producir resultados más que «la suma de sus partes».
  7. Porque no hacerlo sería un grave pecado de omisión en nuestros esfuerzos por establecer el reino de Dios. Vicente nos pidió que amáramos a Dios amando y sirviendo a las personas que son pobres. Su sucesor, el padre Gregory Gay, CM, en 2005 reafirmó que «estamos llamados a iniciar acciones, especialmente acciones políticas, para erradicar las causas de la pobreza y unirnos en solidaridad por la justicia en favor de los pobres, porque los sistemas injustos creados por los corazones egoístas han causado pobreza social, política y económica». Estamos de acuerdo en que «lo único necesario para el triunfo del mal es que las personas buenas no hagan nada» (Edmond Burke). Así, si alguien que sabe lo que debe hacer y no lo hace, está cometiendo un pecado. (Santiago 4,17).

Agradecemos cualquier otra aportación a esta reflexión.

Por: MaryAnn Dantuono, Esq.
Representante de la ONG AIC ante la ONU.

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