Introducción

¿Quién es Jesús? Esta es la pregunta fundamental que todos los creyentes en cada generación tienen que hacerse. La vida cristiana y la teología de la Iglesia (la liturgia, los sacramentos, la eclesiología, la espiritualidad, la moral, etc) nacen de la respuesta a esa inquietud. Como entendemos a Jesús crea el ambiente para la vida de fe.

Nadie puede inventar una cristología de la nada. Todos recibimos las tradiciones de las generaciones anteriores. Meditamos en las respuestas del pasado sobre Jesús porque algunas de esas enseñanzas son definitivas. Sin embargo, cada vez que la comunidad cristiana contesta ciertas preguntas sobre Jesús, otras preguntas surgen.

Los cuatro evangelistas, San Pablo y los demás autores del Nuevo Testamento ofrecieron varias respuestas a la pregunta cristológica. Sus memorias y reflexiones teológicas sobre la persona del Señor en el primer siglo son imprescindibles. Y la comunidad cristiana tiene que luchar para captar el significado de estos textos sagrados. Pero no todo se encuentra en la Biblia. Dejaron más preguntas que la Iglesia tuvo que ir contestando poco a poco.

Los primeros concilios (Nicea, Efeso, Calcedonia) intentaron entender mejor el significado del Cristo. Las preguntas que surgieron en torno a los textos bíblicos: Si Jesús es hijo de Dios, ¿qué significa? ¿Es igual a Dios? ¿Menos que Dios? Si es Dios, ¿Cómo puede ser hombre? Si es hombre, ¿cómo puede ser Dios? Los obispos en los concilios buscaron más claridad y enseñaron nuevas doctrinas que siglos después todavía aceptamos: (la Trinidad, que Cristo es Dios y hombre, etc.).

A pesar de la claridad doctrinal de los concilios, preguntas y inquietudes sobre la persona de Jesús y su evangelio surgen porque distintas épocas luchan con nuevas experiencias y distintos problemas. Los teólogos y las comunidades eclesiales han meditado por siglos sobre la herencia de las escrituras y la tradición. Siempre es importante relacionar esas luces del pasado con la realidad actual. Volvemos al pasado cristiano, no porque las reflexiones y las doctrinas del pasado tienen la última palabra o la única palabra, sino porque sus enseñanzas tienen valor y pueden iluminar nuestra búsqueda de fe en el presente.

Comienzo con este resumen de la historia para ubicar a San Vicente y su Cristología. Retomar las enseñanzas del santo es volver al pasado. Vicente de Paúl era un hombre del siglo XVII. Su manera de hacer teología es según el estilo clásico de su tiempo. Fue influenciado en sus conceptos y su terminología por los teólogos contemporáneos. Su método teológico es exactamente el contrario al sistema moderno. Nosotros comenzamos con la experiencia y dejamos que las doctrinas iluminen la experiencia. En el siglo XVII comenzaron con las verdades eternos y después llegaron a la realidad. Vicente conoció bien los corrientes de la teología de su tiempo: el negativismo agustiniano, el humanismo de Francisco de Sales, etc. Se expresaba en el lenguaje de su tiempo. No podemos esperar que San Vicente pueda contestar todas nuestras preguntas o que podamos asumir todo su manera de entender a Cristo.

Sin embargo, Vicente, fiel a las enseñanzas de la Iglesia, nunca fue esclavo de lo que recibió de la tradición. Combinaba las enseñanzas con sus propias experiencias entre los pobres y en la misión. Podemos decir que las teologías que había estudiado y los teólogos que había conocido le dieron unas estructuras para entender sus experiencias y un lenguaje para expresarlas. Pero no le dieron la experiencia. Su Cristología fue marcada por sus contactos con el Jesús pobre entre los pobres.

Obviamente en el siglo XXI han surgido nuevas preguntas sobre Cristo, el servicio vicentino, etc. Existen nuevas pobrezas y nuevas maneras de analizar y entender la realidad. Volvemos al pasado vicentino, a San Vicente y su Cristología, porque puede iluminar nuestro caminar. No todas las cosas que decía San Vicente son vigentes. Sin embargo hay muchas enseñanzas del santo que nos sirven todavía para orientar nuestra vida y nuestro ministerio como vicentinos. Déjenme señalar algunos elementos para entender al Cristo de San Vicente.

1. El conocimiento de Cristo que nace del carisma

Con frecuencia hablamos del carisma vicentino como si fuera una idea brillante de San Vicente.

El carisma no es una idea. Más bien es la experiencia del Espíritu. Es don del Espíritu Santo llamándonos a seguir a Jesús en una manera particular. El Espíritu nos invita a caminar con Jesús y va iluminando el sendero del evangelio, el sendero del Reino de Dios. El Espíritu crea las capacidades para recibir y vivir el don. Pero no impone el don, lo ofrece. Hay que aceptarlo con libertad.

Vicente pasó gran parte de su vida huyendo del carisma. No quiso aceptar el don y cerraba su vida al movimiento del Espíritu. Se hizo sordo y ciego. Las experiencias con los pobres abrieron sus ojos en ciertos momentos a la realidad de ellos y la presencia de Jesús. Pero, en otros momentos estas experiencias provocaron miedo y inseguridad y dudas. ¿Ir con los pobres? ¿Abandonar mis planes? ¿Es lo que Dios quiere? ¿Es lo que yo quiero? ¿Cómo voy a vivir esta llamada?

En la medida que va abriendo su vida a los pobres y va descubriendo el carisma, empieza a tener una nueva experiencia de Jesús. Ya no es Jesús imponiendo una vocación. Es Jesús pobre quien se encuentra en medio de los marginalizados. El descubre que seguir a Cristo entre los pobres es el camino de la liberación. Dios lo había salvado de una vida egoista y cerrada.

San Vicente vuelve a los evangelios para entender esta experiencia de Jesús. Sus textos favoritos son Lucas 4 y Mateo 25. Durante treinta años va a ir resaltando los pasajes que hablan del amor de Dios que salva a los débiles y los sufridos. EL seguimiento de Jesús le enseña ciertos aspectos del Señor que van formando su Cristología.

2. Jesus se encuentra entre los pobres

Cuando Cristo nos invita a seguirlo, lo hace desde los pobres. Y desde los pobres tenemos que contestar: ¿Quién es Jesús? ¿Quiénes son los pobres? ¿Cómo nos relacionamos con ellos? Este es el eje principal de la Cristología vicentina. Permítanme ofrecer tres clarificaciones:

a) Los pobres tienen valor en sí

No voy a los pobres solamente porque Cristo está presente allí. Voy a los pobres porque son mis hermanos y hermanas sufridos. Son la prioridad del Reino de Dios. Atiendo a los pobres por su dignidad personal. Son sujetos de su propia vida, no recipientes de lástima y limosnas

b) Cristo nos llama a servir a los pobres, no sólo a los pobres buenos

A veces hablamos de ser evangelizados por los pobres. Pienso que mal entendemos la frase.

Estamos hablando de los pobres buenos, los que van a la misa, viven una vida moral, comparten desde su pobreza. Pero creo que la llamada es de servir a los pobres, buenos y malos. No podemos limitar nuestro servicio para preguntar si las personas son dignas o no. Aún los maleantes nos evangelizan.

Nos llaman a amar a los no amables. Nos ponen en contacto con nuestro propio pecado y debilidad y nos invitan a ser compasivos.

c) La presencia de Cristo es sacramental

San Vicente habla de encontrar a Cristo en los pobres. Raras veces habla de ver a Cristo en los pobres. Es porque la presencia de Cristo es sacramental, no física. Hablar de ver a Cristo en los pobres causa confusión porque es una forma de hablar muy piadosa, pero no corresponde a la experiencia. Si literalmente ves a Cristo en los pobres o eres un místico (y no son muchos) o necesitas ayuda profesional. Hablar de ver a Cristo en los pobres crea falsas expectativas y fantasía. Algunas personas esperan encontrar al señor conla barba y la túnica blanca. También se ha hecho una manera de evitar al pobre que ofende nuestras sensibilidades. Por ver, supuestamente, a Cristo, nos escapamos de la necesidad de ver al pobre.

La experiencia de Cristo en los pobres es sacramental. Es una experiencia de fe que me dice que en el encuentro con los pobres algo más está pasando. No es un dato sobre.evidente. Es una reflexión de fe sobre el encuentro con el pobre. Con frecuencia solamente caigo en la cuenta de la presencia de Cristo después del encuentro con el pobre. La pregunta de los justos y los injustos en Mateo 25 debe hacernos pausar: Senor, ¿Cuando te vimos con hambre, con sed, sin ropa, en la carcel, etc? No es cuestión de ver a Cristo, sino encontrar su presencia.

3. El rostro humano de Dios

Vicente de Paúl dijo Jesús es nada más que reverencia y adoración hacia el Padre. Con eso quiso expresar la única y especial relación entre Jesús y el Padre. Los evangelistas ofrecen la misma idea cuando Jesús llama a Dios: Abbá. Por medio de esa relación con el Padre, Jesús revela quien es Dios.

Vicente capta que Dios no es lejano. No se queda arriba en cielo haciendo jucios duros, listo para castigar cualquier ofensa o pecado. Es un manantial de dulzura, dice el Santo. Es pura caridad. Su espíritu es el espíritu de compasión. Envia a su hijo para salvarnos.

Otra manera de expresar este concepto en la terminología vicentina es la providencia. San Vicente habla con frecuencia del Dios providente. La providencia no es buena suerte cristiana. No significa que todo va a salir como queremos si tenemos fe. No significa que las cosas resultan bien siempre. La providencia es la voluntad salvifica de Dios. Su deseo es el bien de sus hijos e hijas. Todo está en las manos de Dios padre. Aún cuando las cosas salen mal, Dios nos acompaña. Cuando las cosas salen mal, Dios está presente. En todo Dios es misericordia.

En la vida y el ministerio de Jesús. Dios se inclina a la humanidad. Se revela como Padre amoroso, misericordioso. Nos invita a participar en su propia vida, la comunidad de amor que es la Trinidad. Con sus acciones para sanar a los enfermos, dar pan a las multitudes, perdonar a los enfermos, devolver la vida a los muertos, Jesús comunica lo que significa el amor de Dios. Nos enseña quién es Dios.

4. El rostro sufrido del pobre

En una ocasión San Vicente dijo una frase reveladora: ¿No son los pobres los miembros afligidos de Nuestro Señor? ¿No son hermanos nuestros? El santo creía que Jesús se identificaba con los pobres. Para Vicente, en Cristo, Dios no sólo se hizo hombre, se hizo pobre. Asumió la realidad de los pobres. Se identificaba con ellos. Entendió sus sufrimientos porque experimentó sus sufrimientos. Su compasión nació de esa solidaridad con el pobre. Para Vicente Cristo es Cristo pobre.

La compasión de Cristo no es lástima. No se queda fuera del mundo de los pobres, regalándoles cosas desde lejos. No es un turista que pasa rapidamente por los márgenes de la sociedad. Se une con los pobres, haciéndose uno de ellos, compartiendo su vida, asumiendo sus sufrimientos. Hombre como nosotros en todo, menos en el pecado, dice San Pablo.

Encontramos este tema solidaridad con los pobres cuando Vicente habla de la cruz. Sus reflexiones son breves, pero profundas. Reconoce la centralidad de la cruz en el misterio de Cristo. Por la cruz llegamos a la salvación. No por el sufrimiento en sí. Más bien en la cruz Dios muestra su amor. Su hijo sufre con los sufridos. Es fiel hasta las ultimas consecuencias. En la cruz aprendemos como es Dios porque su hijo sufre como los demás pobres.

Si existe una laguna en la Cristologia de Vicente, por lo menos para las sensibilidades modernas, es la poca reflexión sobre la resurrección de Jesús. Es una debilidad de la teología clásica. Vieron la resurrección como un milagro al final de la vida de Jesús. Pero no podemos ver la resurrección como un final feliz desconectado de la vida y la pasión. Tampoco debe hacernos olvidar la presencia del mal y el sufrimiento. Con la resurrección no negamos la presencia del mal. Es la experiencia del poder de Dios creando la fuerza para superar el poder de la muerte. Es Dios conduciéndonos por el poder del amor hacía una vida nueva.

5. Evangelizador de los pobres

Hubo ideas cristológicos que Vicente no tomó de los libros de la teología, sino de su propia experiencia misionera. Para el santo Jesús fue el evangelizador de los pobres. Vicente dijo a los misioneros de su congregación:

—Si se le preguntara a Nuestro Señor: ¿Qué has venido a hacer en la tierra?
¡Asistir a los pobres!
—¿Y algo más?
—¡Asistir a los pobres!

Vicente entendió que Jesús es el misionero del Padre que ha venido a anunciar la buena noticia del Reino de Dios. Anunciar que el Reino esta cerca y que ese Reino es para los pobres. La salvación que Cristo anuncia no es solamente la redención del pecado. Es la liberación del pecado y todo lo que oprime a la humanidad. Entonces el ministerio del Señor se entiende como el anuncio del Reino por obras y palabras. La evangelización no es solamente enseñar doctrinas o predicar sermones. Es responder a las malas noticias que los pobres sufren todos los días. Jesús busca la manera de vencer el mal en las experiencias de la gente. Cuando se encuentra con enfermos, les da salud; con hambrientos, comida; con pecadores, perdón.

Algo fundamental en la evangelización de Jesús es el encuentro con el otro. El se acerca como hermano para entender el dolor de la persona. Su respuesta es siempre una acción caritativa. Su amor no se expresa en darles cosas. Su amor se manifiesta en su cercania. Puede tocar a los enfermos, a los pecadores, a los debiles porque es capaz de entrar en sus vidas con todo lo que eso implica: escuchar, ser compasivo, salir a su encuentro. Por eso su presencia es siempre buena noticia. Siempre la realización del Reino comenzando.

6. Una Cristología Práctica

Es curioso que San Vicente comienza los capítulos de las Reglas Comunes de la Congregación de la Misión con ejemplos de la vida de Jesús. El Señor hizo esto, nosotros haremos lo mismo, comenta vez tras vez. Va señalando las características de Cristo Misionero: Sencillez, humildad, Mansedumbre, Mortificación, Zelo Apostólico. Son las virtudes que el identificó en la vida de Jesús, Evangelizador de los pobres.

Hace algo parecido con las otras fundaciones vicentinas: las Hijas de la Caridad y las Cofradías de la Caridad. Siempre lleva las reflexiones cristológicas a la práctica. Vicente no fue profesor de teología. Sus reflexiones nacieron en el servicio de los pobres y condujeron a los pobres. Creo que ofreció su visión de Jesús para ayudar a otros en el servicio de los pobres. Creo que hace lo mismo con nosotros hoy.

Preguntas para dialogar en grupos

  1. ¿Qué te llama la atención en la Cristología de San Vicente?
  2. ¿Hay elementos de las enseñanzas de San Vicente que te sirven en tu ministerio?
  3. ¿La Cristología de San Vicente puede decirnos algo hoy?

Autor: P. Juan Patricio Prager, C.M.

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