El miércoles, 8 de mayo, tuvo lugar el encuentro «La Iglesia, los pobres y el voluntariado» en el Colegio Leoniano en la calle Pompeo Magno 21 de Roma, organizado por el Centro Social Vicenciano, en el que participaron S.E. Monseñor Rino Fisichella, Presidente del Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización (y que nos habló sobre el Día Mundial de los Pobres), la Dra. Ketty Vaccaro, Jefa del área de bienestar y salud del CENSIS, y el padre F. Valerio Di Trapani CM, Presidente de la Asociación «Centro Social Vicenciano». El senador Edoardo Patriarca, miembro de la XI Comisión Permanente (Trabajo Público y Privado, Seguridad Social) y de la Comisión Parlamentaria para la Infancia y la Adolescencia, trajo un saludo de las instituciones. También dirigió unas palabras Giuseppe Castiglione, miembro del parlamento en la legislatura pasada.

Durante su discurso, Monseñor Fisichella se refirió a las enseñanzas del Santo Padre y a algunos conceptos expresados ​​por el Papa en la Evangelii Gaudium, en particular el pasaje en el que el Papa escribe: «Quiero expresar con dolor que la peor discriminación que sufren los pobres es la falta de atención espiritual. La inmensa mayoría de los pobres tiene una especial apertura a la fe; necesitan a Dios y no podemos dejar de ofrecerles su amistad, su bendición, su Palabra, la celebración de los Sacramentos y la propuesta de un camino de crecimiento y de maduración en la fe. La opción preferencial por los pobres debe traducirse principalmente en una atención religiosa privilegiada y prioritaria».

El Papa Francisco, en su Mensaje para la II Jornada Mundial de los Pobres reiteraba: «para superar la opresiva condición de pobreza es necesario que [los pobres] perciban la presencia de los hermanos y hermanas que se preocupan por ellos y que, abriendo la puerta del corazón y de la vida, los hacen sentir amigos y familiares». Es una invitación a la escucha que se convierte en intervención, en una acción concreta, para decir en voz alta el rechazo de la indiferencia y la impasibilidad que hoy, tal vez más que en ninguna otra era, caracteriza nuestra sociedad.

«En 2017, se estimaba que en Italia había 3.171.000 familias en pobreza relativa (con una incidencia igual al 12.3% entre todas las familias residentes), afectando a un total de 9.368.000 individuos (15.6% de toda la población). De ellos, 4.669.000 son mujeres (15.1%), 2.156.000 son menores de edad (21.5%) y casi 1.400.000 ancianos (10.5%)», destacó en su discurso la doctora Vaccaro, en el que dio visibilidad concreta a las situaciones de penuria en Italia, que tienen muchas facetas. Consideremos, por ejemplo, la ampliación de la brecha social y el debilitamiento de la capacidad de gasto de los más débiles: «Si dijésemos que el gasto promedio de laas familias italianas es 100, en el caso de las familias de obreros es gasto se se posicionaría hoy en 72 (con 76 en 2014), y el de las familias de los empresarios en 123 (120 en 2014)». Lo sorprendente es la ausencia de perspectivas que surgen de los datos: «El 96% de las personas con bajas calificaciones educativas y el 89% de los que tienen bajos ingresos están convencidos de que permanecerán en su condición actual, para ellos no es realista poder llegar a una situación de bienestar en el curso de su existencia. Solo el 45% de los italianos cree que tienen las mismas oportunidades que otros para mejorar su vida (el 36% entre los trabajadores, el 30% entre los que viven en el sur de la península) (el promedio en la Unión Europea está en el 58%). Menos de un tercio piensa que, en Italia, la gente realmente obtiene lo que merece. El 56,3% de los italianos declaran que no es cierto que las cosas en nuestro país verdaderamente hayan comenzado a cambiar».

El Centro Social Vicenciano, en el distrito central de Prati, en Roma, lleva activo desde 1984, gracias a un acuerdo de colaboración con el Colegio Leoniano, que contribuye a los costos de los servicios, y recibe ayuda de muchos benefactores, incluido el Papa Francisco.

Muchas realidades están presentes en la acción en favor de los pobres del Centro Social Vicenciano, organizador de la reunión: la Casa Luciana, fundada en 1989 por Maria Adelaide D’Amelio Buranelli, quien recogió la idea de Monseñor Luigi Di Liegro, y el Centro de Escucha y Servicio de Duchas fundado en 1984 por el padre Luigi Menichelli. Hoy en día, el Centro de Escucha se ocupa de las personas que viven en la calle, tanto italianas como extranjeras. Recibe y escucha sus solicitudes, a partir del reconocimiento de sus derechos de ciudadanía, brindando apoyo a las personas en sus dificultades: la búsqueda de vivienda, la búsqueda de empleo, la formación profesional, la redacción de su Curriculum Vitae, la gestión de trámites administrativos para la expedición de documentos, orientación a la asistencia social y sanitaria, cursos de italiano para extranjeros, orientación a servicios dedicados a la luchas contra la adicción al alcohol, las drogas o los juegos de azar, información sobre eventos y lugares culturales abiertos al público; también acompaña en el auxilio a personas mediante proyectos personalizados, para que puedan recuperar la plena autonomía.

Todos los días, en Casa Luciana, los voluntarios vicencianos apoyan a las madres en la educación de sus hijos y organizan actividades extraescolares para los niños. Para las madres, los voluntarios organizan cursos personalizados de cocina, costura, lengua y cultura italiana, y cuidan los momentos de la vida en común y el intercambio en las actividades de ocio. Las madres tienen tiempo para quedarse en Casa Luciana hasta el final de su proyecto personal. Esto se logra cuando la madre ha desarrollado las habilidades para establecerse de manera autónoma y responsable, ha adquirido las herramientas cognitivas y emocionales adecuadas para el cuidado independiente de sus hijos, ha logrado autonomía y estabilidad profesional.

El Santo Padre nos invita a acciones concretas: «En esta Jornada Mundial estamos invitados a hacer concretas las palabras del Salmo: ‘los pobres comerán hasta saciarse’ (Sal 22, 27)»: al final de la reunión, se llevó a cabo un almuerzo de caridad en la Sala del Colegio Leoniano para recaudar fondos para el Servicio de Duchas y Recepción para personas sin hogar, en el que participaron un gran número de personas.

Elena Grazini

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