Hch 1, 1-11; Sal 46; Heb 9, 24-28. 10, 19-23; Lc 24, 46-53.

“Alegres por ser testigos”

El Señor, después de comunicar a sus discípulos que las promesas de Dios se habían cumplido en él, sube al cielo. Hay que mirar con detenimiento la actitud de sus seguidores, que no solo han sido testigos de su muerte y de su resurrección, ahora también son testigos de su ascensión. Vuelven llenos de alegría y esperan recibir la fuerza que viene de Dios para ser anunciadores de la Buena Nueva.

También nosotros estamos llamados a comunicar con alegría aquello de lo que hemos sido testigos. La experiencia de Dios que cada uno posee no es un bien privado o exclusivo, algo que hay que guardarse celosamente. La experiencia de Dios debe ser de dominio público, debe gritarse al mundo; mi experiencia de fe debe ser revelada a los demás, pues lo que viene de Dios es para ser compartido con todos.

Que la experiencia de encontrarnos con Jesús vivo sea motivo de alegría para todos. Que nos llene de vitalidad para seguir compartiendo nuestra vida de fe con aquellos que no han recibido todavía esa noticia de vida.

Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Seminaristas del Seminario Mayor Vicentino de Tlalpan, Cd. de México

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