Hch 13, 13-25; Sal 88; Jn 13, 16-20.

“El que recibe a mi enviado, me recibe a mí”

Miremos el evangelio de hoy con ojos misioneros. Desde nuestro bautismo fuimos convocados a formar parte de la Iglesia, que tiene el encargo de anunciar a Jesucristo al mundo entero. Somos discípulos y misioneros. Y nuestra misión es llevar, con palabras, pero sobre todo con nuestra vida, el anuncio y la prueba del amor de Dios por todos sus hijos, especialmente por los más frágiles y pequeños. Por eso dice Jesús que quien recibe a los que él ha enviado, lo recibe a él mismo.

¿Es posible reconocer en ti algún rasgo de Jesucristo? ¿Quién te ve o te escucha, puede ver o escuchar algo de Jesucristo?

Dios nos conoce perfectamente, sabe quiénes somos, y así cuenta con nosotros; con cualidades, virtudes y defectos. Sabe que no escogió ni envía a gente perfecta, sino a pobres gentes como nosotros, que hemos acogido la semilla del Reino y que procuramos que fructifique en nosotros y a nuestro alrededor.

Confiados en su misericordia y guiados bajo su Espíritu, reconozcamos a aquel a quien nos envía y revistámonos del espíritu de Cristo para ser verdaderos testigos y misioneros.

Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Seminaristas del Seminario Mayor Vicentino de Tlalpan, Cd. de México

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