Jesús es ejemplo perfecto del amor hasta el extremo.  Son verdaderos y estimados seguidores, pues, cuantos se aman unos a otros como él los ha amado.

Los seguidores de Jesús son tan estimados por él como son estimados los hijitos por sus padres.  Y como le queda poco de estar con los discípulos, se despide él de ellos.  Les da un mandamiento nuevo:  «Como yo os he amado, amaos también entre vosotros».  Es su testamento.

Y guardando los seguidores de Jesús el mandamiento nuevo, quedará manifestado claramente que son de él.  Amar como Jesús, esto será la marca identificadora de  ellos.  Es algo nuevo también porque se trata de amar no de manera cualquiera, sino de manera de Jesús (san Agustín).

Y el amor de Jesús no es, por supuesto, erótico.  Además, no solo nos quiere él; nos considera estimados, no solo queridos, caros, de precio alto y, por eso, preciosos.

Así pues, decir que Jesús nos ama es decir que él procura y promueve nuestro bien.  Quizás no les caigamos bien a los demás, tomándonos ellos por pecadores, inútiles, desagradables, y no nos hagan caso ellos a nosotros.  Pero no así Jesús, pues nos valora él.  Es amigo de los pecadores y come con ellos.  Toca a los leprosos y se deja tocar por mujeres inmundas.

Y por mantenerse fiel a su unción y su misión a los pobres, por causa de la verdad y la justicia, Jesús termina pagando carísimo.  Entrega él el cuerpo y derrama la sangre por sus amados.  Pero ama incluso a los enemigos y los excusa.  Nadie quiere y busca mejor que él el bien del otro.

Pero, ¿por qué, en lugar de decir simplemente que amemos, dice el mandamiento que nos amemos unos a otros?  ¿Acaso se nos indica que no se puede amar de manera abstracta?  Después de todo, no amaremos realmente no sea que amemos a los que vemos, a los que están con nosotros.

Señor Jesús, así como somos estimados tuyos, así también sean los demás estimados nuestros.  Ayúdanos a renunciar al «afecto desordenado» a nosotros mismos (SV.ES IX:160) y al «amor de inclinación» (SV.ES IX:1043).  Y concédenos, encomendados a la gracia de Dios, colaborar contigo en hacer nuevas todas las cosas.

19 Mayo 2019
5º Domingo de Pascua (C)
Hech 14, 21-27; Apoc 21, 1-5a; Jn 13, 31-33a. 34-35


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