Los océanos cubren el 70 por ciento de la superficie de la tierra, son una parte integral del ecosistema terrestre y son vitales para la supervivencia y el bienestar humanos. Sin embargo, estamos haciendo poco para protegerlos.


No solo los océanos han sido una fuente primordial de alimento para la vida que ayudaron a generar, sino que desde los más antiguos registros históricos han servido para el intercambio y el comercio, la aventura y el descubrimiento. Han separado a las personas y las han unido. Hoy en día, más de tres mil millones de personas dependen de los recursos marinos y costeros para tener un medio de vida sostenible.

La mitad de los océanos se encuentran en zonas fuera de la jurisdicción nacional, lo que plantea enormes desafíos para proteger el medio ambiente marino. La Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de 1982 (UNCLOS), establece los derechos y obligaciones de los Estados con respecto al uso de los océanos, sus recursos y la protección del medio ambiente marino y costero. Aunque UNCLOS no se refiere expresamente a la biodiversidad marina, comúnmente se considera que establece el marco legal para todas las actividades en los océanos. Las leyes actuales son débiles y no tienen la capacidad de abordar los problemas presentes, para proteger la biodiversidad o limitar la explotación.

La conservación y el uso sostenible de la Biodiversidad Más allá de la Jurisdicción Nacional (BBNJ, por sus siglas en inglés) está atrayendo cada vez más la atención internacional, ya que la información científica, “aunque insuficiente, revela la riqueza y la vulnerabilidad de dicha biodiversidad, en particular alrededor de los montes submarinos, respiraderos hidrotermales, esponjas y corales de agua fría, mientras crece la preocupación por las crecientes presiones antropogénicas que plantean las actividades existentes y emergentes, como la pesca, la minería, la contaminación marina y la bioprospección en las profundidades marinas».

«La mitad de nuestro planeta que está en alta mar está protegiendo la vida terrestre de los peores impactos del cambio climático», ha dicho el profesor Alex Rogers, de la Universidad de Oxford (Reino Unido), quien proporcionó pruebas para informar el proceso del tratado de la ONU. Los científicos dicen que los océanos capturan el 90% del calor excedente y el 26% del exceso de dióxido de carbono creado por los humanos a través de la quema de carbonos. Pero estas aguas están amenazadas por la minería de aguas profundas, la pesca excesiva y los intentos de patentar los recursos genéticos marinos. Habiendo agotado los depósitos minerales terrestres, los países están apostando por la extracción de minerales en aguas profundas. La fase exploratoria actual pronto pasará a la fase de explotación. El proceso destruirá las características geológicas de los fondos marinos y la biodiversidad.

Si bien los debates se han prolongado durante más de una década, solo en diciembre de 2017, la Asamblea General de las Naciones Unidas decidió convocar una Conferencia Intergubernamental sobre un instrumento internacional jurídicamente vinculante en el marco de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (UNCLOS) sobre la conservación y el uso sostenible de la biodiversidad marina en áreas fuera de la jurisdicción nacional (BBNJ). Desde entonces, se han celebrado dos conferencias en la ONU, del 4 al 17 de septiembre de 2018 y del 25 de marzo al 5 de abril de 2019. Encontrar una solución para salvar nuestros océanos no es una tarea fácil. Los informes sobre la conferencia indican que hay un fuerte compromiso, de alto nivel, de todas las delegaciones. Al mismo tiempo, no todos los países están convencidos de la necesidad de un tratado. Se espera que para 2020 esté listo un documento y que el tratado ayude a establecer Áreas Marinas Protegidas en aguas internacionales, permitir evaluaciones de impacto ambiental y protegerse contra actividades que dañen la alta mar. Si el tratado tiene el potencial de ser legalmente vinculante, beneficiaría a los países más pobres de futuros descubrimientos y recursos genéticos marinos.

La Santa Sede, que es un Estado Observador en la ONU, ha contribuido al diálogo para proteger el «patrimonio común de la humanidad» en la ONU durante las negociaciones para un instrumento internacional legalmente vinculante bajo la ONU. Durante la primera sesión en septiembre, la Santa Sede emitió 10 declaraciones para ayudar a llegar a un acuerdo internacional que proteja los océanos del mundo al tiempo que permite un uso prudente del océano por sus abundantes recursos, en particular las investigaciones que conducen a descubrimientos que promueven el florecimiento humano, que beneficia a personas de todo el mundo. Si bien gran parte de sus contribuciones durante la segunda sesión son de naturaleza técnica, la Santa Sede destacó la necesidad de incluir la «relación crítica entre el océano y las personas en los Pequeños Estados Insulares en Desarrollo y su particular vulnerabilidad a las consecuencias de la conservación deficiente y no regulada, la utilización insostenible de los recursos, incluida la disminución de los suministros de alimentos procedentes del océano, la muerte de los arrecifes de barrera que sirven de protección y hábitat para los peces, el aumento del nivel del mar y, en vista de su aislamiento geográfico de otros Estados, se debe dar prioridad a la determinación e implementación de la conservación y medidas de gestión diseñadas para disminuir los impactos negativos sobre ellos». (Declaración de la Santa Sede)

Si bien nuestra capacidad para participar en estas negociaciones intergubernamentales es limitada, podemos desempeñar un papel importante en la protección de nuestros océanos. Hasta cierto punto, no hemos estudiado los principales problemas que enfrentan nuestros océanos y qué medidas podemos tomar para proteger la biodiversidad marina. Algunos temas importantes son:

  • La sobrepesca supone drenar la vida de los océanos, eliminar algunas especies. Es necesario repensar la forma en que pescamos: los métodos destructivos, especialmente la pesca de arrastre de fondo que destruye el hábitat del fondo marino.
  • Acidificación de los océanos: nosotros, los humanos, bombeamos demasiado CO2 a la atmósfera a través de la quema de combustibles fósiles y los océanos no pueden absorberlo enteramente, e impacta en el equilibrio del pH. ¡Reduce nuestra huella de carbono!
  • Arrecifes de coral moribundos: el calentamiento global es la causa principal de la decoloración de los corales. Los arrecifes de coral sostienen la vida marina pequeña y, a su vez, la vida marina más grande. Los protectores solares tienen impacto en los corales.
  • Zonas oceánicas muertas: grandes áreas que no soportan la vida debido a la falta de oxígeno debido al calentamiento global
  • Aumento de los niveles de mercurio en el océano. La industria del carbón es responsable de esto. El mercurio es absorbido por los organismos que se encuentran en la base de la cadena alimenticia y se abre camino hasta la cadena alimenticia, especialmente a través del atún. ¡Aboga por mantener los combustibles fósiles sucios bajo la tierra!
  • El vertido de plásticos en los océanos: en promedio, 800 millones de kilos de plástico terminan en el océano cada año. El microplástico, esas pequeñas piezas de hasta 5 mm de tamaño, se está moviendo a través de la red alimenticia del océano y en la dieta humana. ¿Podemos renunciar a los plásticos de un solo uso? Mira el video: Te explicamos por qué los microplásticos son tan peligrosos.
  • Impacto  en las ballenas y otras especies marinas de la contaminación acústica producida por el hombre: vea el documental: SEl ruido del tráfico marítimo no deja crecer a algunas especies marinas

Teresa Kotturan SCN, Representante ante la ONU de la Federación de Hermanas de la Caridad.

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