Jesús resucitado está siempre con nosotros.  Él nos da su paz y fortalece nuestra fe para que, como gente en salida, compartamos la Buena Nueva.

El ser misionero es un rasgo distintivo de Jesús.  Pues el Padre lo ha ungido con el Espíritu Santo para la misión de anunciar el Evangelio a los pobres.  Y hace misioneros Jesús de sus seguidores, diciéndoles:  «Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».  Por eso, los cristianos no podemos menos que ser una Iglesia en salida (EG 19-24) que proclama la palabra de Dios y da testimonio de Jesús.

Así que nuestra vocación, por la que debemos estar agradecidos, es hacer y salir como Jesús (véase SV.ES XI:387).  Y podemos contar con él para capacitarnos para la tarea que él nos confía.

En primer lugar, Jesús nos va deseando la paz, lo que necesitamos seguramente los que le hemos traicionado.  Quiere él que conozcamos su comprensión y su perdón.

En segundo lugar, disipa Jesús nuestras dudas al enseñarnos las manos y el costado.   Nos dice, efectivamente:  «Soy yo».  El que se pone, pues, en medio de nosotros es el mismo que fue injustamente atormentado y crucificado por las autoridades.  Verle vivo nos anima y nos llena de alegría.

En tercer lugar, nos unge Jesús con el Espíritu Santo.  Haciéndolo, sopla él sobre nosotros su propio aliento vital.  Nos habilita además a salir atrevidamente de nuestro escondite cerrado y seguro.  De ninguna manera quiere vernos Jesús completamente inmóviles o paralizados de miedo, desilusión, desconcierto o incertidumbre.  Nos manda llevar la paz a un mundo escandalosamente dividido.  Espera él también de nosotros que seamos comprensivos y alentadores con los incrédulos.

Señor Jesús, nos has prometido estar con nosotros hasta el fin del mundo.  Haz que sintamos tu presencia real en la Eucaristía.  Que te honremos especialmente, saliendo nosotros de nuestras Iglesias hermosas para ayudarte a ti, frío y desnudo en la persona de los pobres (san Juan Crisóstomo).  Y realiza por nuestra mano nuevos signos y prodigios en favor de los pobres.

28 Abril 2019
2º Domingo de Pascua (C)
Hech 5, 12-16; Apoc 1, 9-11a. 12-13. 17-19; Jn 20, 19-31


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