“Es mejor que muera uno solo por el pueblo”

Ez 37, 21-28; Jer 31; Jn 11, 45-56.

Después de que Jesús resucitó a su amigo Lázaro se desató una gran persecución en su contra, pues se temía una revuelta por tantos seguidores que se unían a Jesús, y temían una represión por parte de Roma. Deciden darle muerte animados por Caifás, sumo sacerdote, quien dijo aquello de que “es mejor que uno muera y no toda la nación”. Y el mismo evangelio amplía lo dicho por Caifás: Jesús moriría “no sólo por la nación, sino para reunir a los hijos de Dios que estaban dispersos”. Ya no son las doce tribus de Israel las que son rescatadas y congregadas en un camino de salvación, son (somos) “todos los hijos de Dios”, todos los que acogemos a Dios como Padre nuestro y a Jesucristo como hermano y Señor.

¿Conocen ustedes la fábula del burro que tocó la flauta por accidente? Pues siempre la recuerdo cuando pienso en Caifás (con perdón de los señores burros). Exactamente describe el significado de la vida y la muerte de Jesús, en quien Dios tiende la mano a todos sus hijos para congregarlos en torno a la mesa de la vida plena, de la salvación, como lo hacen un padre y una madre con los suyos al final de la jornada. Un mundo como una gran mesa fraterna y solidaria, en torno al pan que da la vida..

Fuente: “Evangelio y Vida”, comentarios a los evangelios. México.
Autor: P. Silviano Calderón S., cm

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