Lee la primera parte aquí.

4. “El Señor… los envió de dos en dos”

¿Las cosas que hago, las realizo en nombre de los pobres, o hago todo a nombre propio, de la comunidad o del grupo? ¿Qué saben los demás sobre la misión en la que trabajo? ¿Cuánto me importa el trabajo de mis “compañeros de viaje”? San Vicente siempre pensó la misión en comunidad ¿Cuál es mi actitud al respecto? ¿Bloqueo el trabajo de aquellos con quienes tengo que trabajar? ¿Construyo puentes para la misión en equipo, valorando a todos así como son para obtener frutos en común, o construyo muros de modo que todo lo que hago tiene un sólo protagonista: a mí mismo? ¿Me presento con una actitud constructiva, de apertura constante y aprendizaje, como una esponja que absorbe todo para ser utilizado con otros, o me encuentro siempre cerrado, lleno de certezas, intransigente en las confrontaciones de opiniones diversas a la mía, como una piedra impenetrable que a menudo es lanzada? ¿Fomento el diálogo, la participación en la toma de decisiones, y la delegación de responsabilidades? ¿Cuándo soy responsable de un grupo o de la comunidad, procuro desarrollar y promover las cualidades de cada uno de sus miembros? ¿Favorezco su crecimiento espiritual y les ayudo a gastar su vida por Jesucristo, o ejerzo mi autoridad sin tregua, absorbiendo y limitando la responsabilidad individual, convirtiendo a todos en rehenes de mi presencia e impidiéndoles caminar con sus propios pies?

5. “No soy de aquí ni de allí, sino sólo del lugar donde Dios quiera enviarme”

¿Soy el rostro y el alma del trabajo que, realizado, o permito que Cristo asuma ese puesto? ¿Soy una persona independiente y libre, o realizo las tareas que me han sido encomendadas y pretendo permanecer en dicha posición? ¿Soy una persona disponible o indispuesta? San Vicente les pidió a las hermanas que tuvieran por monasterio una casa, por celda una habitación de alquiler, por capilla una Iglesia parroquial y por claustro las calles de la ciudad… ¿Qué me diría San Vicente? ¿Diría que estoy bien acomodado? ¿Diría que busco una vida fácil inserto en estructuras existentes y predefinidas? ¿Diría que busco siempre actuar de la misma manera porque las cosas siempre han sido así? ¿Diría que no quiero la renovación de mi grupo, porque los más jóvenes no me comprender, no me respetan o no saben cómo hacer bien las cosas? ¿Diría que quiero cambiar de grupo cuando ya no me siento bien? ¿Diría que no quiero cambiar de comunidad porque tengo amigos o familia ahí? ¿Vivo para mi “capellanía” o vivo de verdad para la misión de Cristo? ¿Busco reflexionar sobre el futuro y contribuir al crecimiento universal de la misión o, viendo los cambios como una oportunidad para mantear viva la llama del carisma vicentino, o al contrario, me pierdo en luchas y planes para mantenerme donde quiero? ¿Cómo asumo la tarea de la providencia?

6. Conversión: un modo de vivir. “No se acomoden a la forma de pensar del mundo presente, de forma que puedan distinguir cuál es la voluntad de Dios: lo bueno, lo agradable, lo perfecto” (Rom 12,2)

¿Cómo es mi relación con Dios? ¿Cómo es mi camino de conversión? ¿Estoy aún estacionado? ¿Cómo profundizo en mi configuración con Cristo? ¿Cómo sigo el ejemplo de San Vicente de Paúl? ¿Profundizo mi pasión por el Santo de la Caridad?   ¿Cuántas veces, mientras bebo en la fuente, me dejo seducir y animar con las palabras de San Vicente? ¿Cómo puedo seguir su ejemplo, como seguidor de Cristo, sin hacer todo lo posible para aprender más sobre su pensamiento? Si no permito que Jesús brille a través de mí, si la llama de mi carisma carece de combustible, ¿cómo puedo atraer a otros a la belleza de este viaje?

Francisco Vilhena
Provincia de Portugal

Trad. Carlos Villalobos
Provincia de México

Fuente: https://cmglobal.org/

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