Ez 18, 21-28; Sal 129; Mt 5, 20-26.

“El que se irrita contra su hermano, será condenado”

Nuestro Dios es un Dios de misericordia, de múltiples oportunidades para rectificar el camino. “¿Acaso quiero yo la muerte del pecador y no más bien que enmiende su conducta y viva?”, escuchamos en Ezequiel. “Perdónanos Señor y viviremos”, cantará el salmo. Pero nuestras necedades nos llevan a seguir haciendo el mal, aunque no lo vemos, porque creemos que el mal solo se refiere a acciones como matar. Por eso Jesús pondrá las cosas en claro diciendo que: “Todo aquel que se irrita contra su hermano será condenado, y el que lo insulta, será castigado”.

La muerte que causamos también se refiere a las palabras que decimos y a los malos tratos que damos. Por eso la recomendación de Jesús será primero la reconciliación y después la ofrenda.

Santa Luisa de Marillac en una de sus cartas a las Hijas de la Caridad recomienda: “Si una hermana está triste, si tiene un carácter melancólico o demasiado vivo, su hermana, que debe amarla como a sí misma, ¿podrá enfadarse por ello, hablarle de mala manera, ponerle mala cara? Cómo hay que guardarse de todo esto y más bien pensar que pronto, necesitará que ella observe con usted la misma conducta”.

Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: José Luis Rodríguez Vázquez

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