Cuando me reúno y hablo con miembros de la Sociedad de San Vicente de Paúl sobre justicia social, a menudo me preguntan qué es la justicia social. Cuando intentamos animar a nuestros miembros a hablar sobre justicia social en sus reuniones habituales de consejo y conferencia, me preguntan de qué deberían hablar. Cuando también pedimos a nuestros consejos y conferencias que designen un representante de justicia social, nos preguntan qué es lo que hacen.

Yo prefiero hacer preguntas tales como:

  • ¿Cómo podemos negar la necesidad de involucrarnos en la justicia social?
  • ¿Por qué no podemos usar el conocimiento que reunimos a lo largo de nuestras visitas a favor de quienes viven en la pobreza, para abogar también por el cambio?
  • ¿Cómo podemos ser tan conscientes de la pobreza y lo que esta hace a las personas, y, sin embargo, no querer hacer más?
  • ¿Cómo podemos aceptar los obstáculos que existen en nuestros servicios sociales, sin querer cambiarlos?
  • ¿Qué nos detiene?

Quizás nos sentimos demasiado cómodos con nuestras obras caritativas, que abordan algunas de las necesidades inmediatas de aquellos a quienes servimos. Si bien es cierto que lleva tiempo y esfuerzo realizar visitas domiciliarias y brindar asistencia inmediata, esto nos permite mantenernos alejados de las razones, las estructuras y los resultados negativos de tener que vivir una vida de pobreza y desesperanza. Quizás el tiempo y la energía gastados en nuestros esfuerzos caritativos dejan muy poco tiempo o energía para considerar las causas primarias de la pobreza.

¿Son válidas las razones que a menudo escucho y que impiden el trabajo en la justicia social vicenciana? A menudo escuchamos que no hay suficientes miembros o tiempo para involucrarse en la justicia social. La Sociedad de San Vicencia de Paúl no puede volverse política. Nuestros miembros están envejeciendo y algunos de nosotros sencillamente estamos cansados. Todas estas son razones legítimas pero, si es así, ¿por qué no estamos haciendo más para abordar estas razones? Vicente, Luisa, Federico y Rosalía fueron eficaces, en parte porque no aceptaron las condiciones y situaciones en las que vivieron que evitaran que hicieran algo. Eran pensadores radicales en su tiempo.

¿Qué podemos hacer?
Continuará…

Sobre el autor:

Jim Paddon vive en London, Ontario, Canadá y es ex-presidente del Consejo Regional de Ontario de la Sociedad de San Vicente de Paúl. Actualmente es presidente del Comité Nacional de Justicia Social de la Sociedad en Canadá. Está casado con su querida esposa Pat y tienen seis hijas y once nietos. Jim ha sido miembro de la Sociedad desde los años 70.

Las opiniones expresadas son las opiniones del autor y no representan oficialmente las de la Sociedad de San Vicente de Paúl.

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