“Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí”.

Gn 1, 20–2, 4; Sal 8; Mc 7, 1-3.

La hipocresía consiste en decir una cosa y hacer otra, y es una de las actitudes de los fariseos que más combate Jesús. Él es un persona que se indigna ante las injusticias, y lo que nos relata el Evangelio de hoy se refiere a la injusticia de las tradiciones. Jesús les echa en cara a los fariseos su hipocresía porque, por conservar sus tradiciones, hacían a un lado la Ley de Dios.

Estas tradiciones eran apariencia, eran superficiales, preferían dar la ofrenda al templo (corbán), que ayudar a su papá y a su mamá. Esta es una práctica contraria a la Ley de Dios que pide honrar al padre y a la madre, mostrarles respeto y reconocimiento por lo que son y significan para nosotros.

Qué importante es que cada uno de nosotros revise su vida ante el Señor para purificar todas aquellas prácticas “piadosas” que realizamos, pero que son superficiales, que no nos llevan al compromiso con las personas que necesitan de nuestra ayuda, de nuestro servicio.

Cuidemos que nuestro corazón nunca se aleje del Señor. Y que en él nunca se aloje la hipocresía.

Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Gladys López Pérez, hc

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