Is 62, 1-5; Sal 95; 1 Cor, 4-11; Jn 2, 1-11.

“No tienen vino”

En el pueblo de Caná de Galilea hoy hay fiesta, se celebra una boda. Entre los invitados estaba “la madre de Jesús”, y también Jesús y sus discípulos.

En el evangelio de Juan, María sólo es conocida como “la madre de Jesús”; está tan referida a él que hasta pierde su propio nombre. Así sucede también con “el discípulo amado”. Son los totalmente cristocéntricos, la profecía de lo que ha de ser la Iglesia y cada discípulo.

Pero, en estas bodas ha sucedido algo extraño, una especial carencia. Y es María, la que no tiene los ojos curvados sobre sí misma, la que se da cuenta de que el vino ya no corre por las mesas. Y le dice a Jesús: “No tienen vino”, les falta el vino nuevo del Reino. Míralos, Jesús, están en aquí en unas bodas, (o en una misa) pero no tienen alegría, les falta fervor… Y a pesar de la respuesta de Jesús, María, llena de fe, dice a los sirvientes: “Hagan lo que Él les diga”. Es éste el único mandato o súplica de María para todos nosotros: “¡Hagan lo que él les diga!” Y, a partir de esto, el agua de las viejas tinajas rituales, fue convertida en vino.

Danos, Señor Jesús, unos ojos como los de María, capaces de descubrir las necesidades ajenas y de acudir a ti para remediarlas. Amén.

Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Honorio López Alfonso, cm

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