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Para leer el último día del año

por | Dic 31, 2018 | Formación, Reflexiones | 0 comentarios

El tiempo es la medida de lo efímero, de lo precario, de lo que pasa. El tiempo es la medida de nuestro paso por este mundo, de camino hacia la eternidad de Dios.

El tiempo mide el transcurrir de nuestra vida que, por un acto de amor creativo, comienza y corre en este mundo hasta desembocar en la eternidad de Dios, donde ya no existirá el tiempo, todo será plenitud.

Estamos terminando un año y esperando el inicio de otro. Un giro más de la tierra alrededor del sol. Y cada que terminamos un ciclo, es bueno que mires hacia atrás  para  evaluar cómo ha sido el transcurrir de tu vida. Y es bueno también mirar hacia adelante, para ver cómo quieres que transcurran los días que el Señor de la vida y del tiempo te regalará.

La vida es la posibilidad de que la gracia del Señor te inunde. La vida a veces es dura, pero fundamentalmente es la fiesta de los dones y bendiciones del Señor, la ruta de los peregrinos a veces agotados pero, a quienes Jesús se une para inundarles el corazón de consuelo y de esperanza, en preparación y en ruta hacia la verdadera fiesta de la eternidad.

Los santos vivían intensamente el presente, pero miraban en el horizonte el destino final, la patria eterna.

La vida y el tiempo son el terreno que tenemos para cultivar el amor a Dios y a los hermanos, y el amor entregado y recibido nos adelanta aquí, una chispa de la vida que nos espera en la eternidad del amor infinito de Dios. El amor es lo único que durará por siempre.

La vida nos ofrece la posibilidad de ir avanzando, escalón por escalón, en nuestro seguimiento de Jesús. La vida nosda la oportunidad de ir creciendo en santidad.

Para reflexionar este fin de año les propongo fijarse en tres aspectos importantes.

¿A quién debes agradecer?

¿Qué bendiciones han sido derramadas en tu vida en este año y que quieres recoger hoy y agradecer? Me imagino que el agradecimiento se dirige sobre todo al Señor por su amor fiel y constante. Él siempre ha estado ahí, junto a ti; cada paso, cada decisión, cada dolor y cada gozo. Evoca también a las personas concretas por las que quieras agradecer a Dios. Esas personas fieles que han caminado cerca de ti, que te han sostenido, que te han animado, escuchado, perdonado… También podrías recordar algunas circunstancias que te han desafiado, que te han hecho madurar, crecer. Tal vez algunas de esas circunstancias han sido dolorosas, otras felices. Acoge tu vida tal como ha transcurrido; acógela y acéptala. Agradécela. Sólo abrazando lo que eres, podrás plantear caminos para lo que estás llamado a ser.

¿A quién necesitas y quieres perdonar?

Tal vez hayas recibido heridas, vivido conflictos y desencuentros durante este año. ¿Tienes presentes a las personas que te hirieron? Es el momento para sanar, para curar. No entres en el nuevo año cargando resentimientos porque tu camino se hará más pesado. Perdona, libérate. Ofrece tu oración por las personas a quienes quieres perdonar. Pon tus heridas en las manos de Dios y pídele que te ayude a sanarlas.

¿A quién debes pedir perdón?

Es probable que no hayas sabido vivir como verdadero hijo del Padre y hermano de todos; tal vez hubo en ti egoísmo, orgullo, agresividad, incomprensión. Quizás más de alguno necesitaba una respuesta y no se la diste, alguno necesitaba de tu ayuda o una palabra de aliento y te la guardaste. Por ello pide perdón. Salda todas tus cuentas. Antes de que acabe el año pide perdón en tu corazón (y si puedes en persona) a todos los que en este caminar de tu vida pudiste haber lastimado.

Pide perdón. Para que puedas dormir en paz la última noche del 2018 y puedas despertar en el 2019 renovado, listo para la nueva jornada del año nuevo, con sus días y sus horas que Dios te regala.

¡Que siga la fiesta de la vida! Hasta que Dios te llame a sus brazos, a la fiesta del amor eterno.

P. Silviano C. c.m.

Oración:

“Señor, dueño del tiempo y de la historia, tu misericordia es infinita,
lo descubro en las bendiciones que he recibido a cada paso.
Ayúdame a aprovechar
el tiempo y la vida que me das
para construir contigo una historia de amor,
de crecimiento, de solidaridad, de perdón.
Ayúdame a vivir cada día que me regalas
como un escalón que me acerque más a ti y a mis hermanos.

Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.

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