Ya se acerca Navidad; rogaré por usted y usted, buena madre, rogará por mí. Dios nos oirá a los dos, dándonos fuerza y valor; su Reino nos llegará y, sea cual sea el porvenir, marcharemos con pasos firmes hacia el destino que nos espera.

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Federico Ozanam, Carta a su madre, del 23 de diciembre de 1831.

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Reflexión:

  1. Federico, con 18 años, lleva poco más de un mes en París cuando escribe esta carta. Recién llegado a la capital para realizar sus estudios universitarios, echa mucho de menos a su familia en Lyon. No puede ir a su casa, no tiene vacaciones. Así que se encuentra lejos de su familia, en un entorno nuevo para él y con la única compañía de un puñado de amigos de Lyon que estudian, como él, en París.
  2. Federico se despide, en esta carta a su madre, con este bello párrafo. Sin duda, el tiempo de Navidad, para él y para todos, es un tiempo donde afloran los mejores sentimientos de la persona. Nos acordamos de nuestros seres queridos y les deseamos lo mejor. Federico, creyente como es, le asegura a su madre su oración por todos ellos, como él sabe que su familia ruega a Dios por él. Ese nexo de unión, Dios que les une en la distancia, le reconforta, le da «coraje y valor».
  3. Federico está convencido de que el Reino de Dios vendrá, no importa lo que el futuro nos traiga, cuántas incertidumbres no toque vivir, los problemas, las angustias… El creyente sabe que, más allá de todas esas situaciones, la voluntad de Dios se va a cumplir. El Reino de Dios, que se empieza a prefigurar de alguna manera con el nacimiento de un niño en Belén, es como la flecha que dispara el arquero: la vemos volar por el aire y, aunque aún no ha caído a tierra, sabemos que llegará a su meta. No vivimos plenamente el Reino ahora, pero no nos cabe la menor duda que un día es Reino de Dios se hará realidad en plenitud.

Cuestiones para el diálogo:

  1. Hoy en día, muchos pasan las navidades solos. Desgraciadamente no tienen entre ellos a sus seres queridos, y viven con tristeza este tiempo de alegría. Quizás no les conocemos, quizás son vecinos nuestros… ¿podemos hacer algo nosotros por estas personas que, como Federico, se sienten solas en Navidad?
  2. ¿Haremos alguna acción especial en favor de los pobres, los enfermos, los ancianos, los solitarios… en estos tiempos navideños?
  3. ¿Estoy convencido que el Reino de Dios se va construyendo en medio de nosotros, a pesar de los problemas y las decepciones? ¿Tengo esperanza?
  4. ¿He felicitado la Navidad a mi familia y amigos? ¿Lo he hecho de corazón, como lo hizo Federico, demostrándoles mi amor y cercanía?

Javier F. Chento
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