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Visita alegradora de nuestro Redentor

por | Dic 20, 2018 | Formación, Reflexiones | 0 comentarios

Jesús es la fuerza de salvación que Dios nos suscita.  Por él, Dios nos visita y nos redime una vez para siempre.  Por eso, nos alegramos, y procuramos contagiar a los demás. 

Es contagiosa la visita del ángel Gabriel.  Pues pronto María también se siente motivada para hacerle una visita a su pariente Isabel.

Pero no se nos relata motivo alguno para la visita.  Posiblemente, busque María comprobar la gestación de Isabel.  Pero ya ha dicho María al ángel:  «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».

También se puede suponer que por amor servicial visita María a Isabel.  Es decir, «la Virgen de la Visitación es la Virgen de la Caridad», como dice un comentarista (Comentarios al Evangelio, Nº 11).  No indica, sin embargo, el relato evangélico que se encuentra todavía María en casa de Isabel cuando nace Juan (Comentarios al Evangelio, Nº 3).  Quiere decir esto, entonces, que está ausente María cuando más la necesita Isabel (véase The New Jerome Biblical Commentary [1990] 43:21).

Así que, con respecto al motivo de la visitación, basta que se diga que es cuestión de compartición. La visita, según el citado comentario Nº 3, hace posible que María e Isabel compartan una con otra la alegría.  Así se le perfecciona a cada una de las futuras madres la alegría que también se vuelve más contagiosa todavía.

Es decisiva la visita de María por poca cosa que parezca, consistiendo solo en compartir la alegría.

Lo insignificante a los ojos del mundo vale para Dios.  De la pequeña Belén Efratá saca el Señor al Pastor supremo.

Siempre bendice Dios, además, los comienzos humildes (SV.ES II:263).  Y así se comienza en la naturaleza, pues, de las cosas insignificantes se llega a las significantes, de las raíces al fruto (SV.ES V:197).  Poco a poco.  Haciendo la voluntad de Dios en lo poco nos preparamos para hacerla en lo mucho.

Pocas cosas, sí, como el compartir nosotros la alegría unos con otros, nos disponen asimismo para el cambio sistémico.  Sin hacer las pequeñas cosas que nos enseña Dios para que las hagamos (SV.ES XI:398), no hay manera de realizar las grandes.

Y si no perseveramos en la fracción del pan y la escucha de la palabra divina, nunca nos convertiremos radicalmente.  No lograremos jamás ser una comunidad, con un solo corazón y una sola alma, poseyéndolo todo en común.

Acuérdate de nosotros, Señor Jesús, por amor a tu pueblo.  Y haz que venga a nosotros tu salvación con la visita que nos haces.

23 Diciembre 2018
Domingo 4º de Adviento (C)
Miq 5, 1-4a; Heb 10, 5-10; Lc 1, 39-45

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