Me ha manifestado usted, mi buena madre, el deseo de que algunos jóvenes se prestasen a formar una colección de cantos adaptadas a la juventud. Ciertamente, una tal empresa me parece muy honorable y muy útil, y la influencia de una música sensata y piadosa sobre la educación es casi incalculable. Pero ese tipo de trabajo exige tanta delicadeza, tanto frescor de la imaginación, tanta habilidad de estilo, que apenas hay verdaderos poetas que puedan encargarse de ello. De esos hay muy pocos. Sin embargo, hablaré de ello a algunos de mis amigos, y tal vez podamos reunir algunas composiciones poéticas…

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Federico Ozanam, carta a su madre, del 19 de marzo de 1833.

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Reflexión:

  1. Sabemos, por el hermano de Federico, el abate Alphonse Ozanam, que su padre Jean Antoine era un buen músico, y que los hermanos recibieron de él sus primeras lecciones musicales (Cf. C.-A. Ozanam. Vie de Frédéric Ozanam. Paris: Librairie Poussielgue Frères, 1879, p. 632).
  2. No son muchos los textos en los que Federico mencione la música. En uno de sus primeros escritos (Réflexions sur la doctrine de Saint-Simon) señalaentre las aportaciones que la Iglesia ha hecho a las ciencias y a las artes— la música de órgano y la obra de varios autores, entre ellos Luigi Cherubini (compositor italiano contemporáneo de Ozanam) y Mozart. También, en una de las cartas dirigidas a su madre, nada más llegar a París para comenzar sus estudios universitarios a los 18 años, leemos que, yendo a misa a la parroquia de Saint-Étienne-du-Mont, «con la pompa de las ceremonias y la magnificencia del canto y de los sonidos del órgano un estremecimiento general agitaba mis nervios y erizaba mis cabellos al oír resonar, bajo la bóveda gótica, ese instrumento de mil voces que se unen para glorificar al Señor y cantar sus alabanzas, como decía David, con el arpa y con la cítara, con la flauta y las trompetas. ¡Qué grande es el poder de la música y cuán sublime y hermoso el catolicismo que la inspiró! Jamás he experimentado nada semejante» (carta a su madre, del 7 de noviembre de 1831).
  3. También sabemos que Amélie Soulacroix, la esposa de Federico, tenía cualidades para el piano, hasta el punto de pensar en dar lecciones, si fuera necesario para cubrir el presupuesto del futuro hogar.
  4. En este párrafo que hoy presentamos, Federico responde a la petición de su madre de crear una «colección de cantos adaptados a la juventud». Marie, la madre de Federico, deseaba contar con canciones «sensatas y piadosas» que sirvieran para el adecuado crecimiento humano y cristiano de los jóvenes de Lyon. Es interesante la respuesta que Federico le da: le dice que preguntará a algunos amigos e intentará reunir una pequeña colección, aunque reconoce que es un trabajo que exige «delicadeza, frescor de imaginación y habilidad de estilo» y que no muchos están suficientemente preparados para encargarse de esta tarea.
  5. En nuestra época, a partir de la decada de 1960, surgió un movimiento que valorizó la música como un arte al servicio de la evangelización, utilizando la canción contemporánea como vehículo para transmitir el mensaje y la alegría del evangelio a las generaciones actuales. En Estados Unidos fue y es un ministerio muy importante entre las iglesias evangélicas. También la Iglesia católica, poco a poco, se ha hecho consciente del poder de la música para trasmitir el evangelio a los jóvenes, como indica Federico en su texto. Podemos decir que la música juega un papel importante en los encuentros y en las celebraciones católicas, y también sale a la calle para proclamar el evangelio en la voz de muchísimos artistas poco conocidos, es verdad, pero que dedican sus mejores esfuerzos en componer canciones de calidad que puedan ser escuchadas, más allá de lo que conocemos como «música litúrgica». Desafortunadamente, el apoyo de parroquias, comunidades, congregaciones y jerarquía es muy escaso en este ministerio evangelizador. La «Música Católica Contemporánea» sigue siendo una gran desconocida, y sobrevive en algunos círculos gracias al tesón de los propios músicos que, muchísimas veces a expensas de su propio bolsillo, publican discos y realizan conciertos. Destacable es, en este sentido, la labor que, desde las Jornadas Mundiales de la Juventud, se ha ido haciendo a lo largo de los años a favor del ministerio musical, aunque quizás aún con cierta timidez.
  6. ¿Qué tendrá que ver todo esto con la Familia Vicenciana? Tengo la impresión de que en nuestra Familia aún no se ha considerado el poder que tiene la música contemporánea como vehículo para llevar el mensaje evangélico, especialmente a los jóvenes y a los que aún no lo conocen. Es innegable que nuestros jóvenes, hoy en día, escuchan música, y lo hacen durante muchas horas al día: un informe realizado en 2015 por Common Sense Media —una organización sin ánimo de lucro dedicada a ayudar a que los niños, los padres y educadores naveguen por el mundo de los medios y la tecnología— indica que los adolescentes de Estados Unidos dedican muchas horas al día al uso de los medios, y, entre otros usos, para escuchar música. El carisma vicenciano es un carisma doble, de servicio a los pobres y de evangelización. Si evangelizar es anunciar la Buena Nueva de Jesucristo, ¿no podríamos nosotros también hacerlo a través de la música?

Cuestiones para el diálogo:

  1. ¿Qué conozco de la Música Cristiana Contemporánea? ¿Conozco algún artista católico que dedique su música a anunciar la Buena Nueva del Evangelio? ¿Conozco a alguno que pertenezca a la Familia Vicenciana?
  2. ¿Utilizamos en nuestro grupo, rama, parroquia, etc… la música como un medio evangelizador? ¿Deberíamos hacerlo? ¿Ponemos los medios (materiales, económicos…) para que se pueda hacer?

Javier F. Chento
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