Gen 49, 2.8-10; Salmo 71; Mt 1, 1-17.

¡Oh Sabiduría que saliste de la boca del Altísimo!

Divertido el evangelio de hoy, ¿verdad? ¡Y la versión de Lucas lo es más todavía: Te lleva hasta Adán! Todo sin registro civil, pura memoria y tradición familiar. Pero no es un ejercicio solo de buena memoria, es

algo muy serio que toca al misterio mismo de Cristo. Es admirable con qué desparpajo decimos de Cristo que es “verdadero Dios y verdadero hombre”. Hubo momentos en la historia del cristianismo en que se les atragantaba decir de Jesús que era verdadero Dios. En otras épocas, lo que no aceptaban era que fuera verdadero hombre. Ahora aun cuando aceptamos que Cristo es verdadero hombre, nos cuesta llevar esto hasta sus últimas consecuencias. Y espera que no haya quien diga que Jesús es mitad Dios~mitad hombre, como un monstruo mitológico. Sí, Jesús era todo Dios y todo hombre, tan hombre como sólo Dios puede serlo.

La genealogía de Jesús está ahí para decirnos que tiene un ADN humano, con ancestros incluso no muy recomendables. Así es la humanidad que el Hijo Dios asume y redime, una humanidad mestiza y pecadora. Como la vida misma. Pero, atención, hay un momento en la genealogía en que la fórmula “A engendró a B, B engendró a C” se interrumpe. Es al llegar a José. El Espíritu Santo se cuela aquí en la lista de los progenitores de Jesús. José será únicamente padre legal por su matrimonio con María, pero es a través de ésta que el Hijo de Dios se llena de humanidad.

Gracias, María, por “humanizar” a Dios.

Fuente: «Evangelio y Vida», comentarios a los evangelios. México.
Autor: Miguel Blázquez Avis, CM

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