En la Familia Vicenciana hay varias comunidades religiosas con el espíritu de San Vicente así como de Santa Isabel Seton. Una de ellas es la de las Hermanas de la Caridad de Cincinnati. Su fundadora conoció muy bien a Santa Isabel Seton y de ella aprendió que:

“Un corazón lleno de caridad es un santuario en el que le gusta morar a Dios”. – Madre Margarita Farrell George

Margarita Farrell George fue miembro fundador de las Hermanas de la Caridad en los Estados Unidos y una mujer íntimamente involucrada en el impulso del catolicismo en los Estados Unidos. Antes de ser fundadora de las Hermanas de la Caridad de Cincinnati dirigió escuelas y orfanatos en seis ciudades.

Margarita nació en 1787 en Sligo, Irlanda. Su familia emigró a Estados Unidos donde murieron su padre y sus hermanos, probablemente en la epidemia de fiebre amarilla. Pronto Margarita y su madre, Bridget Farrell, se trasladaron a Baltimore, Maryland.

Cuando tenía casi 20 años, se casó con Lucas George, profesor en el Colegio de Santa María. A los seis meses de la boda, Lucas resultó herido en un accidente y falleció. Durante esta prueba, Margarita dio a luz a una hija, pero el bebé murió de tos ferina.

Durante este tiempo, Isabel Seton llegó a Baltimore para abrir una escuela. Las dos se conocieron a través de su relación con los sacerdotes sulpicianos de Santa María y  entablaron una amistad de por vida.

Isabel Seton, con su familia y varias mujeres, que fueron el núcleo de las Hermanas Americanas de la Caridad, se trasladó a Emmisburgo, pequeño pueblo al Oeste de Baltimore, donde en 1809 la nueva congregación tuvo sus comienzos. Margarita mantuvo estrechos lazos con Isabel Seton por correspondencia y, al menos en una ocasión, visitó Emmitsburgo.

En 1812, Margarita y su madre viajaron a San José en Emmitsburgo y se unió a las Hermanas de la Caridad. Su madre, viuda de 47 años, se alojó con ella en la Casa Madre y más adelante entró también en la comunidad.

Las constituciones de la comunidad habían sido aprobadas recientemente por el arzobispo John Carroll y el primer noviciado estaba a punto de comenzar, Margarita formo parte del primer grupo de 17 Hermanas que el 19 de julio de 1813 hicieron los votos como Hermanas de la Caridad, después de haber estado durante 17 meses viviendo las reglas y discerniendo sobre su vocación.

Las cualidades de Margarita como líder y administradora fueron reconocidas y utilizadas inmediatamente, tanto en la comunidad como Ecónoma, como en la escuela donde fue escogida para enseñar historia, contabilidad, francés y caligrafía.

Las Hermanas de la Caridad abrieron misiones en Filadelfia y Nueva York y en 1819 Margarita fue nombrada directora del Asilo de huérfanos de Nueva York. Este fue el comienzo de más de cuatro décadas de trabajo educativo y social en varias ciudades desde la costa atlántica hasta el medio Oeste.

Cuando Margarita se fue a Nueva York, se despidió de Isabel Seton por última vez. La futura santa llevaba varios años con poca salud y finalmente falleció de tuberculosis el 4 de enero de 1821. Después de la muerte de Isabel, Margarita regresó a Emmitsburgo para hacerse cargo de la Academia de San José; donde estuvo durante tres años.

Su siguiente tarea fue la apertura de una escuela en las cercanías de Frederick, Maryland. Margarita fue Directora de esta obra durante nueve años ampliándose hasta llegar a tener una gran escuela gratuita, un orfanato y un internado. Después Margarita fue enviada a Richmond, Virginia, donde se le pidió nuevamente que abriera una escuela. En Richmond, como en Frederick, ella y sus acompañantes sufrieron de un gran fanatismo anticatólico que Margarita describió así en su diario: “Nunca, en ningún período de mi vida, me he sentido tan aislada y extranjera lejos de mis amigos y de mi hogar”.

En 1837, Margarita regresó a Emmitsburgo para asumir las funciones de Ecónoma de la comunidad. Durante los cuatro años de residencia en la Casa Madre, recopiló El Libro de la Ecónoma, “una lista de todas las personas que habían ingresado en la comunidad desde el inicio en Baltimore. . .,”Y el Diario de San José, un diario encantador lleno de observaciones personales, así como un relato de la vida cotidiana en la Casa Madre y en la escuela.

Después fue nombrada para dirigir la escuela y el hogar para huérfanos dirigido por las Hermanas  en Boston. Esta misión se había iniciado una década antes y atendía a casi cuatrocientos niños, aumentando cada año a medida que llegaba a la ciudad un número creciente de inmigrantes.

En febrero de 1845 un nuevo nombramiento llevaba a Margarita a Cincinnati, Ohio,  centro del movimiento hacia el Oeste de Estados Unidos. Aquí, Margarita se hizo cargo del asilo y escuela de huérfanos de San Pedro, una misión abierta por las Hermanas de la Caridad en 1829.

Varios años más tarde, las Hermanas Americanas de la Caridad se unieron a las Hijas de la Caridad francesas. Margarita y algunas otras Hermanas de la misión de Cincinnati sintieron fuertemente que para permanecer fieles a la visión de Isabel Seton debían abandonar la comunidad y no unirse a las Hijas de la Caridad. El Arzobispo les ofreció apoyar el establecimiento de una comunidad diocesana de Hermanas de la Caridad en Cincinnati. Así, el 25 de marzo de 1852, se estableció la Congregación de las Hermanas de la Caridad de Cincinnati. La nueva comunidad comenzó inmediatamente a aceptar nuevos miembros. Las Hermanas continuaron trabajando en la escuela, en el orfanato y en el Hospital de San Juan, primer hospital católico en Cincinnati.

Cuando en febrero de 1853 se celebraron las primeras elecciones, Margarita George fue elegida Madre. A pesar de sus sesenta y cinco años, su sabiduría, experiencia, entusiasmo y motivación atrajeron a otras jóvenes y la comunidad creció rápidamente. En 1853 y 1854 se abrieron otras escuelas y se compró la propiedad para la primera Casa Madre. En los seis años de su generalato Margarita supervisó el gran crecimiento y cambio de la comunidad.

Fue aquí, el 2 de febrero de 1862, donde Margarita celebró sus bodas de Oro como Hermana de la Caridad. En noviembre regresó a la Casa Madre del Monte San Vicente, donde durante los seis años siguientes, debido a un derrame cerebral, estuvo confinada en una silla de ruedas. Sin embargo, estudiantes, seminaristas, sacerdotes y, por supuesto las Hermanas, la visitaban a menudo y recibieron su consejo. Margarita en noviembre de 1868 murió en paz.

Adaptado del sitio web de “Sisters of Charity of Cincinnati”, Judith Metz, S.C.

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