La Familia Vicenciana aprovecha su estatus de Organización No Gubernamental en la ONU para decir su verdad sobre su experiencia con personas que carecen de vivienda (sin techo) y la falta de acceso a una vivienda adecuada. Sobre la base de su experiencia de primera mano, también hace recomendaciones específicas para que las políticas sociales aborden estas necesidades.

Siguen los pasos de Vicente, quien a menudo decía la verdad al poder en la Francia del siglo XVII. La declaración es un buen ejemplo de colaboración para lograr un cambio sistémico.

La Compañía de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, la Congregación de la Misión, la Asociación Internacional de Caridades, la Confederación Internacional de la Sociedad de San Vicente de Paúl y la Federación de las Hermanas de la Caridad, organizaciones no gubernamentales en estatus consultivo con el Consejo Económico y Social, ofrecieron la siguiente declaración para el registro.

El texto dice lo siguiente:

Ahora que en el 63er período de sesiones de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer se examina el tema titulado “Sistemas de protección social, acceso a los servicios públicos e infraestructura sostenible para la igualdad entre los géneros y el empoderamiento de las mujeres y las niñas”, las organizaciones abajo firmantes, reconocidas como entidades de carácter consultivo especial por el Consejo Económico y Social, deseamos señalar a la atención de esta Comisión la necesidad urgente de hacer frente al problema polifacético de la exclusión en materia de vivienda y la situación de las mujeres y las niñas sin hogar que viven en la calle. Esta cuestión es fundamental para tratar las formas de protección social y avanzar en el logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible para 2030, y entraña aspectos específicos de género que es preciso abordar.

Instamos a la Comisión a que, en sus deliberaciones acerca de las políticas de protección social, preste especial atención a la falta de hogar y cualquier tipo de refugio y al acceso a una vivienda adecuada de la siguiente forma:

Exhortando a los Estados Miembros a que proporcionen una vivienda adecuada, segura, protegida y accesible a todas las personas, independientemente de su género, edad, discapacidad y condición jurídica, institucional o socioeconómica, y a que determinen el número de personas que carecen de hogar, en particular de las mujeres sin hogar que viven en la calle, y le den seguimiento.

Instando a las partes interesadas regionales y mundiales a que promuevan iniciativas dirigidas a evaluar los progresos en la eliminación de l a falta de hogar de una manera que sea útil y uniforme para todos los países, en particular favoreciendo prácticas que permitan averiguar el número de personas en tal situación, especialmente de quienes viven en la calle, con datos desglosados por género,  a  fin de fijar un parámetro de referencia  a  partir  del  cual  los  Estados  Miembros  puedan indicar los avances conseguidos en el cumplimiento progresivo del derecho a la vivienda.

La falta de hogar y cualquier tipo de refugio afecta a todos los grupos de población —hombres y mujeres, familias con niños, personas jóvenes, ancianas y con discapacidad—, se observa en la mayoría de los países, sean estos ricos o pobres, y tiene graves consecuencias negativas tanto para las personas como para las ciudades, y en particular para las mujeres.

Cada una de las organizaciones no gubernamentales vinculadas al Consejo Económico y Social que hemos elaborado conjuntamente la presente declaración trabajamos en todo el mundo para servir y defender a las personas económicament e pobres y débiles. Algunos ejemplos de la labor que realiza la Asociación Internacional de Caridades ponen de relieve diversos problemas de las mujeres que sufren la falta de hogar.

En Madagascar, el proyecto “Un techo primero” se inició en Manakara en 2007 y ayuda a las mujeres sin hogar, a menudo madres solteras con hijos, que han enviudado o han sido abandonadas por sus maridos y se encuentran durmiendo en la calle. Estas mujeres quedan excluidas de sus hogares debido a las leyes discriminatorias, y en particular a las leyes de sucesión que establecen que el hogar conyugal pasa a ser propiedad de la familia del marido cuando este fallece, en lugar  de pertenecer a su cónyuge.

En La Chacarita (Paraguay), un proyecto ayuda a las mujeres a terminar la educación primaria y aprender oficios como la cocina y la costura, de modo que puedan confeccionar y vender bolsas de tela para conseguir pan. Pero estas mujeres se ven afectadas por inundaciones y otros factores ambientales de la zona que están cobrando intensidad. Los Gobiernos deben ayudar a que los habitantes se trasladen a una zona segura para que puedan proseguir su educación y ganarse la vida.

En Antibes (Francia), un grupo lleva 14 años dirigiendo un albergue con cinco estudios que ofrecen alojamiento provisional a las mujeres víctimas de la violencia doméstica. El objetivo es que al término de su estancia puedan encontrar un trabajo asalariado y un hogar propio. Sin embargo, la demanda no puede satisfacer las necesidades y a menudo no se puede atender a mujeres que tienen más de un hijo.

En Turín (Italia), varios grupos ejecutan proyectos en los que se trabaja con mujeres sin hogar o mujeres en riesgo de quedarse sin hogar que son migrantes recientes de la zona. Las mujeres, y en especial las niñas, están expuestas al riesgo de la trata si deambulan por las calles y carecen de una vivienda segura y de acceso al conocimiento de idiomas y los medios para ganarse la vida.

Además, en todo el mundo hay muchos ejemplos de colaboración entre las Hijas de la Caridad, Sisters of Charity y la Asociación Internacional de Caridades, que trabajan para proporcionar vivienda a mujeres ancianas que son abandonadas por sus familias. Las necesidades de las mujeres ancianas superan con creces los recursos necesarios para alojarlas adecuadamente. Las ancianas constituyen uno de los grupos de más rápido crecimiento demográfico entre las personas sin hogar u otro tipo de refugio.

A medida que examinamos la situación de los temas prioritarios del último decenio y avanzamos rápidamente hacia el 25º aniversario de la Plataforma de Acción de Beijing, observamos que se ha hecho poco hincapié en la cuestión de las mujeres sin hogar. No obstante, sabemos que esta cuestión es fundamental para lograr un nivel de vida adecuado y los derechos humanos básicos definidos en la Declaración Universal de Derechos Humanos (Asamblea General, 1948), el  Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (Asamblea General, 1966) y la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (1979). En todos estos documentos se reconoce el derecho a un nivel de vida adecuado, incluso alimentación, vestido y vivienda adecuados, así como el  acceso a la educación y la atención de la salud.

Varios acuerdos de las Naciones Unidas ya han reconocido la importancia decisiva de la vivienda y el refugio, por ejemplo:

  • El indicador 1 del Objetivo de Desarrollo Sostenible 11: “De aquí a 2030, asegurar el acceso de todas las personas a viviendas y servicios básicos adecuados, seguros y asequibles y mejorar los barrios marginales”.
  • La Nueva Agenda Urbana de 2016: “Adoptaremos medidas positivas para mejorar las condiciones de vida de las personas sin hogar, con miras a facilitar su plena participación en  la  sociedad,  y  para  prevenir  y  eliminar  la  fa lta de hogar”.
  • La Declaración de Estambul sobre los Asentamientos Humanos de 1996: “[…] todos tengan una vivienda adecuada que sea salubre, segura, accesible y asequible y que comprenda servicios, instalaciones y comodidades básicos”.

A pesar del claro reconocimiento de que la vivienda es primordial para que el ser humano desarrolle todo su potencial, la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer no se ha centrado en esta importante cuestión que pone de relieve las necesidades específicas de las mujeres y las niñas. Para resolver este problema, resultaría esencial entablar en este período de sesiones un debate sobre la protección social a fin de no  dejar a  nadie atrás  conforme se  avanza en  la Agenda 2030 para  el Desarrollo Sostenible.

La vivienda adecuada es un elemento básico de la protección social. El propósito de los niveles mínimos de protección social es proteger a las personas y a los países  de las crisis y otras perturbaciones dotando a las poblaciones vulnerables de un nivel de vida básico y adecuado. Es fundamental tener en cuenta que, al igual que el ingreso básico y el acceso a la atención sanitaria, la vivienda es un elemento clave para que  las personas tengan un nivel de vida mínimo. En la declaración “Social Protection: A Coherent Strategy for Shared Prosperity”, publicada con ocasión del 56º período de sesiones de la Comisión de Desarrollo Social, la sociedad civil manifestó que es evidente que las personas no pueden contribuir de manera útil al desarrollo de la sociedad si deben luchar por su supervivencia. En todas partes del mundo, las personas sin hogar que viven en la calle afrontan consecuencias negativas en lo que respecta a la mortalidad, la salud, la capacidad de obtener un ingreso básico y otros elementos esenciales para la supervivencia. La falta de hogar es debilitante y a menudo resulta letal para las mujeres.

Para concluir, instamos a los Estados Miembros y a la Comisión a que adopten medidas para remediar la exclusión de las mujeres sin hogar que viven en la call e en el marco de este debate dando cabida a  este problema en las conversaciones acerca  de los niveles mínimos de protección social y estudiando los retos que plantean la falta de vivienda y la vida en la calle, tanto para las mujeres como para el logro de los objetivos de la Agenda 2030 que persiguen la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres y las niñas y el fin de la pobreza. Pedimos que se obtengan cifras concretas a nivel mundial de la población sin hogar que vive en la calle; se defina un objetivo común para reducir y, en última instancia, resolver de una vez por todas la situación de las personas que carecen de techo, y se respalde la puesta en marcha de un movimiento mundial para difundir estrategias eficaces entre todos los Estados Miembros.

Compañía de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl
Congregación de la Misión
Asociación Internacional de Caridades
Confederación Internacional de la Sociedad de San Vicente de Paúl
Federación de las Hermanas de la Caridad

Ojalá cada uno de nosotros en la Familia Vicenciana sepamos aprovechar cualquier oportunidad que encontremos para ser “la voz de los pobres” en nuestros ámbitos locales de influencia.

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