Is 29, 17-24; Salmo 26; Mt 9, 27-31.

“El Señor es mi luz

Gozar de todos los sentidos es una bendición de Dios. No todos los sentidos tienen la misma importancia en la vida de una persona, ni se considera igualmente desafortunada la carencia de cualquiera de ellos.

El sentido de la vista parece ser el más apreciado y su carencia, el mayor infortunio. Mientras que los otros sentidos nos permiten gozar de las obras de los hombres (mayormente), la vista nos permite gozar de la obra de Dios, su maravillosa creación. Incluso del cielo se habla como“visión de Dios”, “ver a Dios cara a cara”.

Por eso la curación de la ceguera sería el signo inconfundible y más revelador de la llegada de los tiempos mesiánicos. Ceguera que simboliza la oscuridad, tiniebla. Por el contrario, la visión es símbolo de claridad, de luz.

Todo milagro requiere de la fe, no como causa sino como condición indispensable. Pero la fe tiene una vinculación más directa con la visión. Hablamos de los “ojos” de la fe, la “iluminación” de la fe. Somos luz e hijos de la luz. La curación de estos ciegos por Jesús es una invitación a la fe, a vivir como hijos de la luz. En la duda, en la tentación, sea nuestra oración: “Señor, que vea”.

Fuente: “Evangelio y Vida”, comentarios a los evangelios. México.
Autor: Miguel Blázquez Avis, CM

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