Is 26, 1-6; Salmo 117; Mt 7, 21. 24-47.

“El Señor es la roca perpetua”

Las catástrofes naturales, inundaciones, terremotos, etc., con todo y su estela de destrucción y muerte, tienen su lado bueno: exhiben a los corruptos e incompetentes, los malos constructores que engañaron y robaron. Construyeron con malos materiales, construyeron en cualquier sitio sin pararse a calcular el peligro.

Las palabras de Jesús no van dirigidas a gente irreligiosa y descreía, sino a nosotros los creyentes, los que tenemos la religión verdadera pero no practicamos la verdadera religión. Los que oímos las palabras de Jesús pero no las ponemos en práctica.

Edificamos sobre roca cuando nuestra vida se fundamenta en Cristo, cuando nuestra fe se apoya en la solidez de las obras, cuando nuestra vida está firmemente anclada en el amor, cuando ponemos las personas por encima de los legalismos.

Una vida así edificada aguantará cualquier crisis de fe y cualquier tentación a sucumbir a la desesperanza.

Edificamos sobre arena cuando desplazamos a Dios y ponemos en su lugar devociones, supersticiones. Cuando nos construimos una religión a la medida y nos hacemos “un dios que no puede salvar”.

He aquí algunas arenas movedizas: No leer el evangelio, pero no perdernos el horóscopo de cada día; llenarse de devociones, pero no recibir los sacramentos; respetar a los muertos, pero maltratar a los vivos, etc.

Fuente: “Evangelio y Vida”, comentarios a los evangelios. México.
Autor: Miguel Blázquez Avis, CM

Pin It on Pinterest

Share This