Mis tres ángeles

Virgen a la que invocaba en los días de mi tristeza,
permíteme alabarte cuando la felicidad me llena:
pues tus manos han bendecido mi humilde morada,
tú pones a mi alrededor tres castas criaturas,
y para conservarlas dulces, fuertes y puras
has querido darles tu nombre.

Una ha servido a su Dios sesenta años en la tierra,
de ti aprendió lo que puede una madre.
Ella iluminaba mi corazón y lo conmovía con una palabra.
Estaría aún sentada como una reina
en el hogar de sus hijos, si Dios no se la hubiera llevado
y no le hubiera hecho sentarse en un lugar más alto.

La segunda apareció para hechizar mi vida.
No hice más que verla y mi alma quedó embelesada,
con una sola mirada se rindió para siempre.
Tú misma formas este corazón tierno y piadoso:
tú creas nuestra unión; haces descender sobre nosotros
al ángel de los amores cristianos.

La tercera es la niña, la flor que acaba de brotar.
Sobre esa frente inocente que nada turba aún
veo muy de cerca el sello del Creador…
¡Ayúdala a crecer, oh Virgen tutelar!
Que se parezca en todo a su abuela y a su madre
¡Y que ella me ayude a ser mejor!

He puesto mi confianza en el dulce nombre de María:
jamás decepcionó ese nombre a quien reza.
Soy pecador: mis pasos se han desviado muchas veces…
Pero vos, cuyo nombre sigue estando presente en mi familia,
y vosotras, ¡oh, mi santa madre, oh, mi esposa, oh, mi hija!,
mis ángeles, ¡vosotras me salvaréis!

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Federico Ozanam, oración escrita el 14 de agosto de 1845, tres semanas después del nacimiento de su hija Marie.

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Reflexión:

  1. Hay una faceta de Federico que es poco conocida: escribió —aunque es verdad que no muchas ni con frecuencia— algunas obras poéticas, que espigan su obra escrita, sobre todo en su correspondencia y en las obras tempranas en tiempos del colegio.
  2. La hija de Federico y Marie-Amélie, Marie-Josephine Ozanam, nació el 24 de julio de 1845, a las 5 de la madrugada. Se adelantó tres semanas a la fecha prevista de parto. Dos dias después, el 26 de julio, Marie fue bautizada en la iglesia de Saint-Sulpice de París, oficiando el padre Alphonse Ozanam, hermano de Federico. François Lallier, íntimo amigo de Ozanam y, como él, cofundador de la Sociedad de San Vicente de Paúl, fue el padrino de bautismo. La madrina fue la señora Soulacroix, suegra de Federico.
  3. Fue un tiempo muy intenso y feliz para Federico, como podemos comprobar en las exultantes cartas que escribe esos días. Estaba extasiado ante el hecho del nacimiento de su hija, de traer al mundo a una personita inocente y delicada, necesitada de amor y protección. No solo lo consideró un regalo de Dios, sino también se sintió partícipe de la obra creadora del Padre. Le encontramos también algo abrumado ante la inmensa responsabilidad que, en general, los padres asumen cuando traen a una criatura a este mundo.
  4. Tres semanas después del nacimiento de Marie, escribe esta preciosa oración a la Virgen María. Merece la pena leerla y releerla, rezarla y ponerla en práctica: vemos en ella a un hijo, un esposo, un padre que da gracias por la bendición de tener a su lado a las tres “marías” (María, su madre; María Amelia, su esposa; María Josefina, su hija) que llenaron su vida de felicidad y le ayudaron a ser mejor persona y mejor cristiano.
  5. Dios nos hace un regalo en cada persona que pone a nuestro paso. De todas ellas, nuestros padres, nuestra pareja y nuestros hijos ocupan un lugar especial. La “iglesia doméstica” que formamos con ellos es un lugar sagrado, un espacio de salvación, un sacramento de la Iglesia y un reflejo del amor trinitario. ¡Cuidemos de nuestras familias!
  6. Sabemos que hay familias que sufren crisis, violencia incluso, que no todas viven este ideal. Nuestra misión como Vicencianos es, también, ayudar a sanar las heridas de aquellas familias que no vivan en plenitud el plan divino.

Cuestiones para el diálogo:

  1. Si aún tengo la dicha de tenerlos, ¿cuido de mis padres, me preocupo por ellos, les acompaño, les demuestro mi amor y devoción?
  2. Si estoy casado: ¿trato con respeto a mi esposa/esposo? ¿Le manifiesto mi cariño? ¿Están las relaciones de pareja basadas en la igualdad, el respeto, el amor? ¿Tiene lugar Dios entre nosotros?
  3. Si tengo hijos: ¿les ayudo a crecer y madurar, desde el cariño? ¿Son para mí un regalo divino? ¿Doy gracias a Dios por el don de tenerlos?
  4. ¿Qué hacemos los Vicencianos para ayudar a las familias que sufren desarraigo, pobreza, violencia, falta de amor… cualquier tipo de problema que les aleja de ser una familia de acuerdo al plan de Dios?

Javier F. Chento
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