Jesús en persona es la Buena Noticia que se anuncia en un mundo de malas noticias.  Se espera de los cristianos que la personifiquen también.

Lamentablemente, no cuentan con frecuencia las mujeres, los niños y los discapacitados.  Pero la buena noticia es que Jesús defiende a las mujeres de la dureza del corazón machista.  También deja a los niños acercarse a él; los abraza y los bendice.  Y llama a Bartimeo para decirle por último:  «Anda, tu fe te ha salvado».

Les sorprende a los discípulos la enseñanza de que difícilmente entrarán los ricos en el reino de Dios.  Pero les da Jesús a los espantados la buena noticia.  Pues les dice:  «Dios lo puede todo».

Indudablemente, son escandalosos los reportes de abusos por parte de unos miembros de la jerarquía.  Y los realmente culpables velan ciertamente más bien que revelan el genuino rostro de la Iglesia y del cristianismo.  Corren el riesgo también de recibir «una condenación más rigurosa».  Pero hay buena noticia también:  no faltan entre nosotros personas quienes personifican «lo mejor de la Iglesia».  Son como la viuda que, pasando necesidad, entrega todo lo que tiene para vivir.

Jesús es la Buena Noticia que resume todas las buenas noticias.

Jesús nos previene a los cristianos de las destrucciones, pruebas y tribulaciones que tendremos que soportar.  Forma parte de esa prevención su enseñanza sobre el fin del mundo tal como lo conocemos.

Tiene fin, sí, este mundo.  Parece que incluso la ciencia moderna se pone de acuerdo.  Así que no hemos de dejarnos llevar por la presunción, no obstante los grandes avances de la civilización actual.

Pero tampoco tenemos razón para ceder a la desesperanza y la morbidez.  Es que la desaparición de este mundo abrirá camino a la aparición del Hijo del Hombre.  Vendrá él para establecer plenamente el reino de Dios.  Completará Jesús lo que ha inaugurado por pasar haciendo el bien.  Por acoger a los tomados desechables por muchos, por hacer posible lo imposible para los hombres, por sacrificarse por los pecados.

Como Jesús, los verdaderos discípulos no deja que la gente oiga solo las malas noticias.  Los disparos fatales de arma de fuego, por ejemplo, los abusos, las mentiras y los engaños que los poderosos promueven.  Los genuinos cristianos proclaman la Buena Noticia.  La encarnan mediante su mansedumbre, su sencillez o veracidad, su servicio de todas las maneras y con los demás (SV.ES XI:393).  Se mortifican además para abrazar todo lo que Dios nos dé a conocer que pide de nosotros (SV.ES XI:398).

Señor Jesus, anunciamos tu muerte hasta que vuelvas.  Ayúdanos a comprender que la muerte forma parte de la Buena Noticia.

18 Noviembre 2018
33º Domingo de T.O. (B)
Dan 12, 1-3; Heb 10, 11-14. 18; Mc 13, 24-32


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