El señor Bailly […] me ha hablado sobre todas las tribulaciones que la Sociedad [de San Vicente de Paúl] ha tenido que sufrir por parte de algunos eclesiásticos que buscaban apoderarse de ella, y, sobre todo, de un partido político que ha querido explotarla o desorganizarla a su favor. […] Por lo demás, añadió, la Sociedad conserva hasta hoy fielmente su doble carácter religioso y laico, que es el único que puede asegurar su utilidad y fecundar sus esfuerzos. Nos aconseja que no lo perdamos en Lyon a pesar de la diversidad de las cosas y de los hombres, y acerca de la comunicación que le di de tu última carta, piensa que convendría hacer comprender poco a poco al señor cura párroco de Saint-Pierre el espíritu que nos anima y que es el único que nos distingue de las otras asociaciones: no debemos ser ni una oficina de beneficencia ni tampoco una cofradía.

Por encima de todo, hay que guardarse de los partidos extremos, no perder jamás la paciencia, la longanimidad, la buena voluntad en las interpretaciones, la perseverancia en conciliar las opiniones divergentes, huir de todo lo que puede entristecer los corazones y amargar las voluntades.

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Federico Ozanam, carta a Amand Chaurand, del 19 de noviembre de 1838.

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Reflexión:

  1. Laico proviene de la palabra latina laĭcus —de la raíz griega λαός, laós— que significa pueblo. Es un término que aparece muy temprano en la historia del cristianismo. Normalmente se define negativamente (diciendo lo que no es), esto es: los laicos cristianos son aquellos que no pertenecen al clero. Sin embargo, gracias al impulso del Concilio Vaticano II, sabemos que la misión del laico en la Iglesia y en el mundo es vital y de suma importancia. El Concilio Vaticano II dedicó un documento entero a este asunto: el decreto “Apostolicam actuositatem“, que conviene releer de vez en cuando, donde ya desde su comienzo se nos recuerda que “el apostolado de los laicos, que surge de su misma vocación cristiana nunca puede faltar en la Iglesia”. Somos pues, una iglesia “de apóstoles”, donde todos tenemos la misma misión de proclamar —de palabra y de obra, como nos dice san Vicente de Paúl— que el Reino de Dios está cerca y es para los pobres.
  2. La Sociedad de San Vicente de Paúl nació por el impulso de un grupo de jóvenes universitarios que deseaban vivir su amistad desde la fe y hacerla efectiva en el servicio al necesitado. Mantuvo y mantiene su carácter laico, a pesar de que, como vemos en el texto de Federico, ya pocos años después de la primera reunión, hubo intentos de controlarla por parte de algunos sacerdotes e incluso políticos. Son muy duros los verbos que utiliza Ozanam para explicar esta situación: “explotarla” y “desorganizarla”.
  3. La última frase del texto de Federico nos recuerda algunas actitudes convenientes para todo vicenciano. Él, que fue considerado una persona dialogante y tolerante, es nuestro ejemplo para poder realizar nuestra labor con el mejor espíritu posible, con paciencia, humildad y perseverancia.

Cuestiones para el diálogo:

  1. La Familia Vicenciana se compone de consagrados y seglares. ¿Somos los laicos activos en la obra que realiza la Familia? ¿Hemos asumido nuestro rol apostólico? ¿Sómos líderes en la iglesia y en el mundo?
  2. ¿Cómo son nuestras relaciones con los párrocos, con nuestros sacerdotes y consagrados? ¿Y con los actores de la vida pública: políticos, líderes, etc?
  3. De las cualidades que indica Federico en su última frase, ¿de cuáles estoy —o estamos— más necesitados?

Javier F. Chento
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