San Vicente de Paúl recibió como don la vocación para andar”. Esta frase del artículo del padre Luigi Mezzadri, C.M. resuena en mi cabeza desde el momento en que lo leí. La Vocación para andar es una marca dejada por San Vicente de Paúl, sea caminando siempre de virtud en virtud, trabajando cada vez mejor en nuestra perfección, sin nunca decir basta (cf. SVP IX, 844), sea en la disponibilidad para ir por todo el mundo a ejemplo de los primeros misioneros de la Congregación (Cf. C 12,5°).

Somos llamados a llenarnos de los sentimientos y afectos del propio Espíritu de Cristo. Al mirar las Sagradas Escrituras, vemos un Jesús que vino para andar, que no se detiene. Observamos a un Jesús que no tiene miedo de sudar sus pies para salir al encuentro. Vemos encuentros que transforman vidas y que supone siempre una respuesta: ¡ir!

“Subiendo a la barca, pasó a la otra orilla y vino a su ciudad. En esto le trajeron un paralítico postrado en una camilla. Viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: « ¡Animo!, hijo, tus pecados te son perdonados.» Pero he aquí que algunos escribas dijeron para sí: «Este está blasfemando». Jesús, conociendo sus pensamientos, dijo: « ¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: “Tus pecados te son perdonados”, o decir: “Levántate y anda”? Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados – dice entonces al paralítico -: “Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”» Él se levantó y se fue a su casa” (Mt 9,1-7). Jesús “Siempre invita a querer curarse, a cargar la camilla, a abrazar la cruz, a dejarlo todo, a salir siempre de nuevo a anunciar el Evangelio” (EG 172). La fe presupone grandes búsquedas, desafíos y pruebas; implica el desconcierto de caminar y continuos viajes. ¡Hoy es más fácil caminar! Acortamos distancias mejorando los transportes, los accesos, aumentando el nivel de vida, pero por tener todo así de fácil, sin tener que forzar nuestros brazos y sudar nuestro rostro, optamos muchas veces por no dar un único paso. Vivimos en una época de sedentarismo que afecta toda la sociedad. Un sedentarismo que atrofia nuestro cuerpo y también un sedentarismo espiritual que atrofia la Iglesia. Necesitamos una Iglesia que sienta la arena en sus pies. Caminar no puede ser una fuerza expresiva o simbólica, debe ser una urgente realidad, que nos lleve a comprender cómo la Iglesia debe salir: “Dios convida siempre a dar un paso más” (EG 153).

Vivimos en un mundo que necesita de callos en los pies para caminar. Pero, ¿para dónde? ¿Cuál es el camino que el Señor nos pide? “Todo el camino de nuestra redención está señalado por los pobres [que gimen]” (EG 197).  El gemido de uno tiene que ser el gemido de todos, ¡tiene que ser mi gemido! Gemido que abre mi corazón y me predispone a salir, llevando a los otros el amor de Jesús. No podemos estar parados, pues como dice San Bernardo “En los caminos de Dios, no avanzar y permanecer siempre en el mismo estado, es retroceder” (cf. SVP IX, 844). ¡Vamos apasionados a su encuentro! La vida del cristiano debe ser así, apasionados por el Señor. Qué bueno es sentirse apasionado. El corazón palpita más rápido, miradas que se detienen, pensamientos que no nos dejan, segundo que se cuentan, soñar, soñar mucho… Nos falta soñar más. El papa Francisco dijo en su visita a México: “!atrévanse a soñar. No se resignen a vivir sin esperanza!”.

“Si quieres construir un barco no empieces por buscar madera, cortar tablas o distribuir el trabajo; primero has de evocar en los hombres el anhelo del mar libre y ancho. Cuando esté viva esta sed, se pondrán a trabajar para construir el barco” (Antoine de Saint-Exupéry). Para caminar necesitamos de horizontes que nos nutran y que alimenten nuestros pasos ya recorridos. Debemos atrevernos a preguntar: ¿Cuándo entré en la Congregación, con qué cosas soñaba? ¿Cuáles eran mis horizontes? Y hoy, ¿Continúo soñando? ¿Con qué?

“Entré en la Congregación con la intención de poder trabajar en las misiones ad-gentes (…) Escuchando a mi superior descubrí que la Iglesia necesita misioneros también en otros lugares (…) Hoy estoy dispuesto a responder e cualquier necesidad de la Congregación (…) contribuir de este modo para la renovación de la Congregación en el mundo de hoy”.

“Sueño que pueda dar una contribución en este pequeño rebaño, en la pequeña Compañía para que haya confianza en la honestidad y en la lealtad (…)”. “soñaba estar en una comunidad donde se viva el amor (…) anunciar a Cristo”.

“Hoy continúo soñando con ser un simple cristiano misionero que sepa hacer enamorar a muchos de este Dios bello, maravilloso, creativo, alegre, que da sabor a la vida. Y estar siempre en contacto con los pobres, para que me ayuden a ser más humano e a encontrar a Dios en las cosas simples.  Deseo una Congregación que sepa, cada vez más, escuchar los signos de los tiempos, que sea más creativa e inventiva en el anuncio del evangelio”.

Hoy al parecer que vivo mi sueño, pero cuando toma más consciencia de la exigencia (…) surgen otros sueños. Siendo consciente de haber recibido tanto de la Congregación, me siento interpelado a actuar cada vez más”. “¡No puedo parar de soñar con optimismo!” “Comprendí que es necesario ensanchar mis horizontes para percibir con mayor amplitud el ser misionero vicentino”.

No caminamos solos y no soñamos solos… la vida con el otro hace parte de nuestro ADN, y por eso agradezco a la comunidad de Chieri que me ayudó a reflexionar sobre este tema. En realidad, estos son extractos de sus buenas contribuciones, con los que ciertamente muchos se identificarán.

En este tiempo fuerte misionero, es bueno percibir que, independientemente de la edad y de la experiencia de cada uno, el sueño misionero estuvo y está vivo en el corazón de cada uno de los padres. Sus ejemplos nos ayudan a percibir lo que quiere decir el papa Francisco con: “Dejar todo y partir sin parar para anunciar el Evangelio” o cuando desea “una Iglesia pobre para los pobres” pues “ellos tienen mucho que enseñarnos” (Cf. EG 198).

Al mismo tiempo se tiene la percepción que los territorios de misión ya no son lo eran antes, y que por eso también nosotros no podemos ser aquello que éramos. La Iglesia necesita redescubrirse, la Congregación también está llamada a redescubrirse y eso solo se hace saliendo de sí. En una de las reflexiones del retiro cuaresmal preparado para el Santo Padre , dijo monseñor José Tolentino de Mendonça que “el cristianismo está para afirmarse de manera sorprendente entre los pobres y los perseguidos, en cuanto se atrofia entre los ricos o en zonas que representan el bien estar (…) estos son los nuevos horizontes de Dios”.

Los sueños nos desatan y nos hacen caminar pisando tierra firme, dejando huellas y cargando polvo, respondiendo a un sí convencido al llamado misionero de llevar a Dios a todas partes. ¡No temamos! ¡Es el Señor quien conduce nuestros pasos!

“Hay un sueño dentro de ti y no quieres huir de él. Te apasionaste por él. Perdiste con él cuando te prometió que, si lo seguías, tu vida nunca sería la misma. Prepara las maletas del futuro, pon la vida a tu espalda, el sueño debajo del brazo y ponte en marcha. Como quien sabe que hay una razón para haber nacido” (Marta Arrias).

Francisco Vilhena
Étudiant province du portugal
Fuente: https://cmglobal.org/

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