“Evangelio de los pobres” Jesucristo es el Evangelio, la Palabra de Dios hecha carne, que asume nuestra condición y nos enseña el camino verdadero al Padre. Para recibir el Evangelio es necesario reconocernos necesitados del Señor, que viene a nuestro encuentro, sólo así tendremos en Él vida nueva.

La Medalla de la Madre asume los rasgos característicos del Evangelio, destinado a aquellos pobres que heredarán el Reino de Dios (cfr. Mateo 5, 3). La Medalla Milagrosa es también profética y su resplandor hace elocuentes aún más las palabras de Cristo en el monte, proclamando a una voz las Bienaventuranzas con los desdichados, los pobres, los afligidos y los perseguidos. De esos pobres de hoy cuelga la Medalla, que acompaña en el caminar taciturno de la existencia humana los pasos dolorosos de un pueblo que sufre y es marginado, al pecho de muchos santos también ha colgado la medalla como signo profético de pureza y caridad en una sociedad donde prima lo estético y la ley del más fuerte.

Pretendemos con las meditaciones de este año, acercar a los vicentinos y vicentinas de todo el mundo a un compromiso social y cristiano con aquellos hermanos nuestros que han sido, durante este año, víctimas de xenofobia, acompañando también con nuestra oración a aquellos que lo han perdido todo por la guerra o por las difíciles situaciones económicas que atraviesan sus países.

Esa Medalla Milagrosa, por tanto, llevada en el cuello de tantos hombres y mujeres, es la compañía amorosa de la Madre y de la Iglesia que aprende de ella, la ternura y la misericordia.

Andrés Felipe Rojas Saavedra, CM
Seminarista Vicentino
www.corazondepaul.com

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