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Primero y mayor de todos los mandamientos

por | Nov 1, 2018 | Formación, Reflexiones | 0 comentarios

Enseña Jesús que el primero y el mayor de todos los mandamientos es el amor a Dios y al prójimo.  Además, practica perfectamente el Maestro lo que enseña.

En el judaísmo, se enumeran 613 mandamientos.  De éstos, 365 son prohibiciones y 248, mandamientos positivos.  Estos números, sin embargo, no se encuentran en la biblia.  Pero igual preguntan no pocas personas cuál de los mandamientos es el primero o el mayor de todos.  Es que los hombres queremos hacer una cosa de muchas cosas.

Así que no es de extrañar que un escriba pregunte a Jesús:  «¿Qué mandamiento es el primero de todos?».  Y quien pregunta no es un inquisidor, como es el caso en Mt 22, 35; no le pone a prueba a Jesús.  Es decir, busca honestamente abarcar mucho y apretar mucho al mismo tiempo.

Siempre sincero, pero especialmente con los sinceros, responde Jesús a la pregunta.  Dice él:  «El primero es:

¡Escucha, Israel!
El Señor nuestro Dios es el único Señor.
Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón,
con toda tu alma,
con toda tu mente,
con todo tu ser.

«El segundo es éste:

Amarás a tu prójimo como a ti mismo».

El primero es una oración.  Se espera de los judíos que la reciten repetidamente.  La tienen que rezar dentro y fuera de la casa, al acostarse y al levantarse.

Jesús cita un segundo mandamiento aunque el escriba no pregunta del segundo.  El Maestro suelda, por así decirlo, el segundo al primero.  Los dos, entonces, se hacen uno solo:  «No hay mandamiento mayor que éstos».  ¿Acaso no se nos da a entender que nosotros no podemos amar Dios sin amar también a sus otros hijos tan queridos por él como nosotros?

Cumplir el primero y el mayor mandamiento de amor, el resumen de todos los mandamientos, es imitar a Jesús.

Jesús, perfecto para siempre, da plenitud a la ley y los profetas.  Y nos da ejemplo, para que hagamos lo que él.  Nos ofrece su cuerpo y sangre para que nos asimilemos a él.  No solo es fiel a Dios, amándole hasta el fin.  Ama también a sus hermanos y hermanas hasta el extremo, haciéndose por ellos pecado y maldición (2 Cor 5, 21; Gal 3, 13).  Él es el primero de los que «dejan a Dios por Dios» (SV.ES IX:297).  Infringe la ley del sábado y prescinde de los ritos de purificación, para llevar el amor de Dios especialmente a los que el mundo abandona.  No le importa a Jesús que faltemos a los «33 actos a la santa humanidad» (SV.ES I:149) o a otras devociones, para aprender a amar a Dios confiadamente.  Para llegar a comprender que el amor «está por encima de todas las reglas» (SV.ES IX:1125).

Señor Jesús, concédenos crecer hoy, primero que nada, en tu amor, a fin de que todo concurra para nuestro bien y el de nuestros hermanos y hermanas.

4 Noviembre 2018
31º Domingo de T.O. (B)
Dt 6, 2-6; Heb 7, 23-28; Mc 12, 28b-34

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