Desde un punto de vista vicenciano: Una visita a una comunidad Sij

por | Oct 24, 2018 | Formación, Patrick J. Griffin, Reflexiones | 0 comentarios

El viernes pasado celebramos un Día Interreligioso en la Universidad de St. John. Esta jornada comenzó a las 10:00 de la mañana y duró hasta las 10:00 de la noche, mientras nos esforzábamos por conocer algunas de las diferentes tradiciones religiosas que conforman la comunidad universitaria, tanto entre estudiantes como empleados. Los participantes representaban a toda la familia de St. John. Después de una conferencia inaugural, 52 de nosotros entramos en un autobús e iniciamos la aventura de nuestro día comenzando en una mezquita islámica y concluyendo en un templo judío. En ambos nos dieron una cálida bienvenida y compartimos una comida, oraciones y conversación.

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Sin embargo, fue la visita en el medio del día la que más me iluminó. Pasamos este tiempo en un Sikh gurdwara (lugar de culto). Creo que sé algo sobre el Islam y estoy razonablemente familiarizado con el judaísmo, pero sabía poco acerca de la creencia y la práctica de los Sikhs. Visitar esta comunidad en su lugar de culto me generó una alegría particular. Entre otras cosas, aprendí tres términos.

El primero, «Guru Granth Sahib», es el nombre que la comunidad Sij le da a su escritura. La presencia de este texto, venerado como una presencia humana, hace que la gurdwara («puerta al gurú») sea un lugar de adoración. Mientras estábamos allí, Ragis (músicos) cantaban himnos. Otro tocaba un instrumento parecido a un sitar, aunque con un sonido más profundo y melodioso (para mi oído). La gente constantemente se entraba y salía del santuario, ofreciendo sus oraciones y reverencias. Parecía un mundo diferente en medio de la ciudad de Nueva York.

La segunda palabra que aprendí fue langar, que es el nombre de la cocina y la comida gratis que los sijs preparan cada día. Cualquiera puede entrar en la gurdwara y comer libremente sin ningún tipo de vergüenza o distinción. La comida es vegetariana. Algunas personas estaban comiendo a nuestra llegada. Me hizo pensar en un «Bread and Life» [Pan y vida], culturalmente diferente, que se opera en el área de Bedford Stuyvesant en Brooklyn. Allí, también, las personas que tienen hambre pueden encontrar una comida caliente y un lugar para descansar. El langar era muy diferente pero también muy familiar.

La tercera palabra que agregué a mi colección de términos Sij fue seva, que significa «servicio desinteresado». Este tipo de ministerio se lleva a cabo en el gurdwara y en el langar, pero también llega más allá de los límites de sus lugares de culto. Dondequiera que las personas estén necesitadas, los sijs se ven obligados a ofrecer un servicio desinteresado y personal.

La diferencia entre el enfoque Sij de lo divino y el del cristianismo sigue siendo misteriosa para mí. Su conexión a un texto sagrado es más comprensible. Sin embargo, lo que encaja tan bien en mi corazón vicenciano y levantó mi espíritu es la forma en que los sijs se comprometen a cuidar de quienes tienen hambre y necesitan atención compasiva. Sentí una afinidad con ellos que superó tantas diferencias. Vicente reconocería a estas buenas mujeres y hombres como colaboradores.

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