En medio de un siglo de escepticismo, Dios me concedió la gracia de nacer en la fe. De niño me puso en el regazo de un padre cristiano y de una madre santa. Como primera institutriz me dio a una hermana inteligente y piadosa como los ángeles, con quienes ya se reunió. Más tarde, llegaron a mí los ruidos de un mundo no creyente. Conocí todo el horror de las dudas que atormentan el corazón durante el día, y que uno encuentra durante la noche sobre una almohada empapada en lágrimas. La incertidumbre de mi destino eterno no me daba descanso. Me apegué con desesperación a los dogmas sagrados y creí sentir cómo se quebraban en mi mano. Fue entonces cuando me salvó la enseñanza de un sacerdote filósofo. Él puso orden y luz en mis pensamientos; crecí a partir de entonces con una fe inquebrantable y, conmovido por este raro beneficio, prometí a Dios dedicar mis días al servicio de la verdad que me daba paz.

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Federico Ozanam, Propósito de una Historia de la Civilización en tiempo de los bárbaros, en La Civilisation au Ve siècle, tomo I.

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Reflexión:

  1. Federico ya es profesor de la Sorbona cuando pronuncia estas palabras. A sus alumnos les ofrece esta rápida reflexión sobre la importancia de la fe en su vida, sobre cómo fueron fundamentales su familia y el abate Noirot —que fue su profesor de filosofía durante sus estudios secundarios en Lyon—, a quien llama “sacerdote filósofo”.
  2. Federico denomina al siglo XIX “un siglo de escepticismo”; sin duda lo fue en Francia después de la revolución, cuando las creencias religiosas y la Iglesia cayeron en desgracia. Aún así, Ozanam nunca se sintió avergonzado de su fe, ni la ocultó, incluso en los círculos universitarios, lugares poco dados a las creencias.
  3. No obstante, en su adolescencia, Federico pasó por una crisis de fe. A pesar de apegarse a los “dogmas sagrados”, no encontraba paz. Fue el testimonio de un buen sacerdote, el contacto personal, el que fortaleció de nuevo su fe. Por esto, podemos decir que la fe no es un compendio de saberes, sino la adhesión personal a Jesús, que recibimos a traves del ejemplo de personas que lo hicieron antes que nosotros. Por eso, es importante que nuestro testimonio de vida sea acorde a nuestra fe.

Cuestiones para el diálogo:

  1. Evangelizar es anunciar la buena noticia de Jesucristo. ¿Lo hago de palabra y de obra, esto es, con mi anuncio pero también con mis actos, con mi vida entera?
  2. “La duda es parte de la fe”. ¿Qué opinas de esta frase?
  3. ¿Qué lugar ocupan mis creencias en mi vida? ¿En que notan los demás que soy cristiano?

Javier F. Chento
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